Matías Lammens: “Me gusta la idea de cambiar la vida de la gente”

Compartimos la nota publicada en el Diario La Nación del ex alumno de la Promoción 1998, Matías Lammens, actual presidente del Club Atlético San Lorenzo de Almagro. En la misma hace mención a nuestro colegio, destacando la importancia de la educación pública y gratuita.

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Sobre el asfalto, convertido en una crema negra, los porteños caminan en ojotas bajo el sol sofocante y los ladridos de los perros suenan esforzados: es un verano cualquiera en Buenos Aires. Menos en una habitación de un departamento de Las Heras y Billinghurst. Allí, un muchacho de 20 años, estudiante de Derecho, prepara su valija: por unos meses, y gracias a un intercambio con la Universidad de La Habana, estudiará Ciencias Políticas. Admira a la Cuba post soviética y a Fidel Castro. Tanto, que compró todos los libritos que vendían con sus discursos.

-Hay partes que aún recuerdo de memoria. Creía que iba a hacer la revolución mañana.

Hoy Matías Lammens tiene 35 años. Habla rápido, como un vendedor puerta a puerta que logró que alguien le abriera, pero sus gestos tienen la velocidad de un flirteo victoriano. Ni cuando ríe rompe la atmósfera: su risa siempre llega como una voz desde el fondo de un salón. Sólo un año después de aquel viaje a Cuba, junto con un amigo, Lammens instaló un minimercado cerca del Barrio River. El negocio funcionó tan bien que llegaron a tener siete.

De Cuba a poner siete locales: algo pasó en el medio.

No sé si algo pasó en el medio: me parece que cualquier país necesita un empresariado nacional. No soy comunista, no creo que haya que expropiar las empresas y que el Estado tenga que ser dueño de todo. Creo que la iniciativa privada le hace muy bien a los países, te diría que con el tiempo y estudiando mucho, el modelo de (Arturo) Frondizi de atraer inversión privada es bastante interesante. Pero el Estado debe no sólo regular esa inversión, sino orientarla, tiene que llamar a capitales que vengan a invertir en lugares donde tenés problemas con la balanza comercial, para no ir a buscar afuera ese insumo. Sigo creyendo que el gran problema de los países latinoamericanos, pobres, es el giro de capitales de la periferia al centro, que es la historia de la Argentina: exportamos carne e importamos carteras. El problema es el mismo que hace 200 años.

Mientras crecían sus minimercados, Lammens seguía trabajando en Avedis, la empresa familiar de su tío, dedicada a gases industriales. Antes fue encargado en una casa de empanadas en Libertador y Esmeralda, y a los 18 años fletero cuentapropista: “Le alquilamos la camioneta al papá de un amigo. Nos fue bien: agarramos el reparto de unas encomiendas de impresoras en el centro”. Hijo único de una contadora y del dueño de un frigorífico de Ramallo, en la vida de Lammens hay una pronta -demasiado pronta- conciencia de la finitud y la peor de las ausencias: cuando tenía 7 años, su papá murió de un infarto. Matías no quiso ir al velorio.

-Estoy contento con el recuerdo que tengo de papá. San Lorenzo para mí es mi viejo. Tengo una hija de cinco meses [Ana, fruto de su relación con Mariana Gené, socióloga investigadora del Conicet] y ya le hablo del club y de su abuelo.

Tu padre fue vicepresidente del club en los 80.

Sí, era un gobierno de transición, había renunciado el presidente. Ya colaboraba cuando San Lorenzo se fue a la B, el 15 de agosto de 1981. Sale en El Gráfico, yo lo tengo. Tengo una nota en la que le preguntan por qué lo hacía y dijo: Porque cuando San Lorenzo gana mi familia es feliz.

Ibas a la cancha con tu papá. ¿Cuando murió continuaste el ritual?

Su mejor amigo y uno de mis tíos siguieron llevándome. Siempre fui fanático, pero con su muerte San Lorenzo fue la continuidad afectiva: él seguía estando. Dibujaba mil veces el escudo en los cuadernos. La psicopedagoga la llamó a mi vieja para contarle que yo quería decir algo con eso, porque lo ponía en todos lados.

Fuiste al Nacional de Buenos Aires, un colegio formador de políticos. ¿Te interesaba la política en esa época?

Siempre me gustó, y de chiquito me gustaba mucho la historia.

¿Participabas en algo dentro del colegio?

No. Sí en quinto año hicimos un partido porque decíamos que las elecciones del colegio no definían nada. Armamos un partido en broma y nos fue bárbaro: sacamos muchos votos y casi metemos un integrante al consejo.

Comenzaste la secundaria en 1993. Ese año fuiste a la marcha contra la ley federal de educación.

El Buenos Aires no sólo te transmite eso de lo que todo el mundo habla: la excelencia académica. A mí me genera tanto orgullo eso como el hecho de que sea gratuito. La gratuidad es una de las claves de lo que hay que recuperar en la Argentina, no sólo como valor de oportunidades, que es una frase hecha, sino como la posibilidad de ascenso social: me enorgullece que mi viejo no haya terminado primer grado y yo sea abogado. El Buenos Aires tenía mucho de hacerte sentir parte de la educación pública y meterte ese valor como propio, que uno tenía que defender. Todos los que fuimos tenemos que devolverle algo: fui seis años de mi vida al mejor colegio, gratis.

¿Qué sentís cuando ves las tomas?

Cuando vi lo de la iglesia de San Ignacio me amargué mucho [en 2013 algunos alumnos hicieron pintadas y quemaron bancos]. Pero las tomas. La formación es integral, no sólo académica: parte del secreto del colegio no son las buenas clases que te dan los profesores, es tomar conciencia política, empezar a familiarizarte, empaparte y tomar partido por cuestiones desde muy chico, y sentir que son temas de importancia para el país. Las tomas son parte de ese proceso de formación.

A los 13 años no porque eras muy chico, pero a los 17, año 1997, ya tendrías más rasgos adultos, barba.

[Interrumpe] No tenía ni un pelo, tardó mucho en salirme. Tenía una cara de nene.

En esa época Tinelli explotaba en la televisión.

Sí. Y ya mis compañeros me decían que era igual a él.

¿Lo veías?

No, imaginate que con lo que te estoy contando del colegio. No.

Las cosas como el tiragoma no te iban.

[Ríe] Claro, no. Sí me llamaba la atención de él el tema San Lorenzo, ahí tenía un link permanente. Que el tipo que hacía treinta puntos de rating hablara de San Lorenzo me seducía. Y en Ritmo de la noche miraba cuando hacía los partido de fútbol con Maradona, Caniggia.

Ahí, en el Buenos Aires, Lammens se hizo muy amigo de Leandro Vital, su socio actual en su distribuidora de bebidas. Vital es primo y ahijado de Tinelli, y en el verano de 2012 los presentó, en Punta del Este. La reunión duró cinco horas y sólo se habló de San Lorenzo.

-Cuando viene la acefalía, la renuncia del presidente Carlos Abdo y de la mayoría de la comisión directiva, nos ponemos a trabajar sin ser nombrados. Un día me citó en la casa y me preguntó si me animaba a ser candidato a presidente. Le dije que sí, pero que sólo con él como vice.

Recién se salvaban del descenso y tenían una deuda de 234 millones de pesos. ¿De qué trabajabas?

En la distribuidora de bebidas que tengo.

Y ganás las elecciones en San Lorenzo. ¿Por qué meterte?

Porque este es el club de mi vida y era saldar parte de la historia con mi viejo. Cuando se muere tu papá o tu mamá siendo chico te quedás rengo. Yo tuve una infancia feliz, pero hay algo que queda y tal vez no lo salde nunca.

¿Creías que le estabas dando algo a él?

Sí, y un psicólogo dirá que también devolviéndome algo a mí.

¿Hiciste terapia por esto?

Nunca. Queda mal decir que me parece que no me hace falta.

Pero lo estás diciendo.

[Ríe] No sé si me sentiría cómodo contándole a alguien que no conozco y que no me quiere la complejidad de mi cabeza. Es de ignorante lo que digo, lo sé.

En medio de ese caos, los hinchas pedían a Tinelli.

Era una figura muy fuerte en un momento de desasosiego y anarquía del club.

¿Por qué no quiso ir adelante?

Por la exposición de su propio trabajo. Además, él había estado antes en San Lorenzo y no había terminado bien ese proceso.

¿Existe el fanatismo frío, la pasión administrada?

Sí, la clave de esta gestión fue tener el corazón caliente y la cabeza fría. Si uno pierde la pasión y deja de sentir el cosquilleo cuando juega San Lorenzo, tiene que renunciar. Un gran logro es que somos un actor protagónico social. Otros dirigentes decían que había que hacer la pared más alta para que no vinieran los chicos de la villa [frente a la ciudad deportiva de San Lorenzo, en el Bajo Flores, está la villa 1.11.14, una de las más grandes de Buenos Aires]. Hoy más de 3 mil chicos son becados y hacen actividades, talleres, usan la pileta. Nada tiene tanta inserción como el fútbol: no hay nada más federal; hay que empezar a usarlo como transformador social.

Así como hay una renovación de directores técnicos con otra impronta (Cocca, Gallardo, Arruabarrena), vos, junto con Tinelli, aparecés como la versión dirigencial. “Se puede hacer el fútbol rentable”, dijiste.

Lo demostramos, rompimos el paradigma de que el fútbol no es rentable. Los clubes pueden ser dueños y comprar a sus jugadores, no necesitan inversores externos. Los clubes pueden ser transformadores sociales, San Lorenzo acá y en Boedo va a ser el gran protagonista de la zona sur de la ciudad, donde todos los gobiernos desinvirtieron. A Boedo va a ir no sólo un estadio, será un lugar donde pasen cosas: más seguridad, más luz, actividades. Eso viene de la mano de clubes superavitarios.

¿San Lorenzo tiene ganancia?

El año pasado el resultado operativo nos dio 33 millones de pesos, es una ganancia que se reinvierte, no es en términos empresariales, por algo es una asociación sin fines de lucro. Hay que ser lógico con lo que uno firma. El dirigente deportivo firma cosas que no firmaría en su vida privada. Es parte del cambio que debe haber en el fútbol argentino: tiene que haber un fair play financiero.

Desde tu estilo, ¿cómo se le habla a (Juan Carlos) Crespi, a (Hugo) Moyano?

Tenemos estilos diferentes, sí, pero lo que uno tiene que tener -y el fútbol te nutre de eso- es la versatilidad de desenvolverte en el Vaticano, en la embajada de Francia… Es una virtud. Dejar bien representado a San Lorenzo en el Vaticano, en Milán con Berlusconi, o saber entender códigos de otro tipo de gente.

Este último tiempo estuviste muy expuesto con la renovación de la AFA que quieren vos y Tinelli, pero no estarás ahí.

No. Si a Marcelo le toca ser presidente, voy a ayudar desde la administración, pero mi idea es quedarme en San Lorenzo.

Fue criticado que se presentaran como una renovación forzando la interpretación del reglamento.

Pero quedó claro que no era un cambio de reglamento: lo que hicimos fue interpretar diferente un artículo. No lo decíamos nosotros solos, lo decían juristas importantes de la Argentina. Además había una paradoja: se aferraban al reglamento de una manera cuando se incumplía por todos lados y se dejaba afuera a alguien que a la vista de todos era idóneo para ocupar ese cargo. Hay una cuestión de sentido común: Tinelli es un tipo idóneo para ese cargo.

¿Nunca ejerciste como abogado?

Sólo hice prácticas en Tribunales, defendiendo a gente que litigaba sin gastos.

¿Por qué elegiste Derecho?

Porque me gustaba la política. Me gustaba el día de mañana poder hacer algo, todo lo que tenía que ver con el Estado me gustaba. Había pensado Ciencias Políticas, también Historia.

En tu adolescencia te gustaban los intelectuales de Forja. ¿Qué te atraía de su pensamiento?

Era un pensamiento bastante nacional. Me irritaba -y todavía me irrita- la colonización mental, hacer nuestros hábitos y hasta palabras extranjeras.

¿Sos de los que se ponen locos con que se festeje Halloween?

Sí [sonríe]. No tiene nada que ver con nuestra identidad. Fabián Casas [escritor e hincha fanático de San Lorenzo] dice que la infancia es el momento en el que uno carga el combustible que va a determinar qué clase de persona será cuando las papas quemen. Y es verdad. Toda esta fascinación con Disney y demás. El trabajo de colonización mental comienza desde muy chicos. Cuando se adquieren hábitos foráneos terminan generando un daño cultural que es muy difícil de reparar, porque cada vez es más fuerte la penetración cultural. Pero empieza a haber un discurso que dice que se puede divertir desde otro lugar, desde otra manera.

¿Tuviste la Copa Libertadores en tu casa?

La noche que la ganamos sí, me la llevé. Se la entregan primero al capitán del equipo, luego tiene que quedar en el club. Después del partido nos fuimos todos a festejar y llevamos la Copa. Y alguien se la tenía que llevar. La puse en el cuarto y la miraba cada vez que me despertaba.

¿Sos creyente?

No. Cuando pasó lo de mi papá me peleé con Dios: ¿Por qué a mí? Tengo 7 años y lo necesito.

Sonará raro, pero el Papa les dio mística para el marketing.

Total. Para el marketing y para todo. Ha sido muy fuerte su incidencia. Creo en la gente que tiene energía positiva y la transmite, y a San Lorenzo le dio eso. Soy un admirador de Francisco, líder mundial de los más influyentes que tuvo la valentía de tocar temas tabú. Es un tipo muy lúcido. Cuando nos recibió en 2013 le pregunté de todo: Siria, Turquía, las dos Coreas.

El estado de Azerbaiján ofreció 4 millones para patrocinar la camiseta de San Lorenzo y lo rechazaste. ¿Cómo llegó la oferta?

Por un allegado a la comisión directiva, nos dijeron que el embajador de Azerbaiján quería hacer una oferta. Pensándolo desde la geopolítica, creo que el hecho de que el equipo del Papa tuviera, en el conflicto con Armenia, la camiseta de Azerbaiján era fuerte. Mi tío, el de la empresa de gases, era armenio. Siempre me habló del genocidio armenio; siempre admiré de la comunidad armenia -volvemos al tema cultural- cómo transmiten de generación en generación el apego por la causa. Y es un genocidio que pasó hace cien años y lo militan capaz mucho más que la comunidad judía. El hecho de que lo hayan negado muchos países durante tanto tiempo hizo que la causa fuera más fuerte. Ni lo consulté.

Te buscaron partidos políticos. ¿Sólo Pro?

No, de otros también. No importa.

En diciembre de 2016 termina tu mandato. ¿Qué vas a hacer? ¿Política?

Si tuviera que decidir hoy, seguramente volvería de lleno a mi laburo y a dedicarle más tiempo a mi familia. ¿Política? No sé. El poder como herramienta para transformar la realidad me gusta. Tiene sentido meterse en política y dejar de lado cuestiones personales para cambiar la vida de la gente, pero tendría que pensarlo muy bien y encontrar el espacio para hacerlo.

El Papa recuerda el San Lorenzo del 46, al que iba a ver con su viejo. Es un lugar en el que quedó anclado, reflexionaste. ¿Vos dónde quedaste anclado?

En determinados lugares. Tengo 35 años, haga lo que haga, puedo ser, no sé, presidente de la Nación, pero este es el club de mi vida. San Lorenzo es el lugar donde me hice hombre y el lugar que me cobijó cuando me faltaba lo más importante, que era mi viejo.

El futuro

Seguirá trabajando en la vuelta a Boedo; hasta diciembre de 2016 será presidente de San Lorenzo. ¿Después? Quizás estudiar Economía, en la UBA. ¿Política? “No lo sé. El poder como herramienta para transformar la realidad me gusta”

Fuente: Diario La Nación.

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