Coronavirus y artes escénicas| Reinventar el Teatro

Compartimos el ensayo del ex alumno y profe de teatro de la Asociación hace unos años, Juan Coulasso (Promoción 1999)

El teatro es una palabra inventada, como el COVID. Pero inventada hace 25 siglos, y como un espacio de encuentro en persona. Entonces: si nació para crear mundos, ¿antes que colgar obras obsoletas no será mejor pensar qué respuesta artística ofrecerle al mundo como salvataje de este instante único, arrollador? Será el surgimiento del Teatro Pandémico, arriesga Juan Coulasso , una nueva forma de compartirnos desde el aislamiento.

El virus acaba de arrebatarle al Teatro su arma más fundamental, la única que ha recorrido todas las épocas y continentes, la única que lo vuelve absolutamente singular y lo diferencia de la experiencia cinematográfica y las plataformas virtuales: la presencia en vivo -sin mediación de pantalla- del cuerpo del emisor, junto con el cuerpo del receptor.

El virus acaba de destruir por tiempo indeterminado la única cosa que nos hacía únicxs. ¿Algún teatrista está asustadx? Más vale que lo estés y mucho, porque nos acaban de sacar lo más importante que teníamos. ¿El Teatro -perdón, lxs teatristas- debemos entonces permanecer inmutables hasta que el virus simplemente desaparezca? Si este virus durara diez años, ¿el Teatro – perdón, lxs teatristas- deberíamos permanecer inmunes durante diez años? ¿Acaso el Teatro es más inmune al virus que lxs pobres humanxs que lo inventamos?

 

alguna vez todo esto fue sagrado,

hubo una época en que éramos dioses,

me amaban mierda.

ahora nos acosan los ríos interminables de letras.

 

Entonces, digo yo que no soy nadie, ¿puedo usar hoy lo que el Teatro me ha dado para inventar otra cosa que me permita atravesar esta coyuntura? Si el Teatro se inventó, digo yo, para inventar mundos, ¿puede ahora el Teatro, puesto que cambió el Mundo, dejar que el Mundo lo re-invente?

El Teatro nació hace veinticinco siglos. Digo yo, el Teatro, entonces: no sabe nada ni de la primera ni de la segunda guerra mundial. No sabe lo que es la Internet, de hecho, no sabe lo que es la Imprenta, tampoco sabe lo que es la música electrónica y lo más lindo de todo: no sabe lo que es el cine ni el celular. No sabe ni siquiera quién soy yo, que estoy opinando y escribiendo sobre él, veinticinco siglos más tarde. No tiene idea tampoco de quiénes serán las personas que lo practiquen en los próximos veinticinco siglos, cuando todas las distopías imaginadas hasta ahora se hayan vuelto también obsoletas. En definitiva, el Teatro no es ni más ni menos que una palabra, también inventada, seguramente por alguien que no sabía muy bien qué estaba diciendo.

 

Un palabra.

Inventada.

Y nada más.

Como el COVID.

 

todo se evapora la vida entera los recuerdos 

el interior de estas paredes bien blancas.

la forma de esta ceremonia ya no me representa.

el mundo cambió y yo cambié y ahora necesito 

otra plataforma para poder existir. 

 

Quizás como dice Bifo, sea un momento para no saber, digo, para no saber cómo deberían ser las cosas. Hay una urgencia, claro. Y la urgencia, al igual que la Técnica, nos va a empujar a producir resultados rápidos:

1.transmisiones gratuitas de obras no concebidas dentro de esta coyuntura y que hasta ayer eran patrimonio exclusivo de programadores de festivales internacionales;

2.concursos para escribir diálogos teatrales desde el aislamiento con las mismas convenciones de escritura que conocíamos hasta ahora;

3.clases por instagram live hacia un alumnadx anónimx que ni siquiera puedo mirar;

4.etc.

Todo eso está bien, claro, ¿cómo vamos a ponernos a juzgar la urgencia y la necesidad en un momento como éste? Pero pienso y digo yo que no soy nadie: este Real que estamos atravesando, tan contundente, tan arrollador, ¿no amerita un poco más de digestión? ¿no modificará y quizás transformará nuestros modos de concebir eso que llamamos Teatro? Más allá de la urgencia siempre urgente que la Argentina vive permanentemente, ¿no es éste también un momento para reflexionar, antes de resolver y salir rápidamente a mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar, mostrar?

 

sólo necesitaba una catástrofe para volver a existir,

dejar de ficcionar por unos años, 

entregarme por completo a la supervivencia,

vivir,
vivir, vivir, vivir, vivir.

 

Mucho antes de colgar las obras obsoletas como primer gesto artístico desesperado (que no juzgo en absoluto, pero sí cuestiono), ¿no es momento de plantearnos qué respuesta artística vamos a ofrecerle al mundo como salvataje singular de este instante tan único y tan distinto a todo lo demás?

 

Yo no soy nadie y no quiero juzgar las acciones de nadie, pero igual me pregunto y me aventuro: ¿será posible, pues, en un tiempo, la invención de un nuevo Teatro Pandémico? ¿Desarrollaremos lxs teatristas algún tipo de nueva forma de empatía digital? Si el Teatro ha sido, desde sus más lejanos inicios, un espacio para encontrarnos, en vivo, para tocarnos, en vivo, para vernos, en vivo, ¿de qué forma vamos a servirnos de lo que el Teatro nos dio para compartirnos desde este aislamiento? ¿De qué forma esa herencia nos va a ayudar a llegar a ese otrx hoy tan lejanx? ¿Cómo vamos a tocarnos ahora que no nos podemos tocar?

 

Hubo un tiempo en que las masas asistían a nuestros recintos porque necesitaban inventar el mundo. Pues bien, yo creo que este Mundo Pandémico nos pide a gritos que inventemos Otro Teatro. Este Real es tan poderoso que nadie puede salir de él, el Lenguaje no puede salir de él, el Cuerpo Humano no puede salir de él, la Representación no puede salir de él, este virus se ha vuelto, junto con el hecho de estar vivxs, la única Cosa que nos atraviesa a todxs por igual, la única Cosa común que todxs poseemos, lo más real de todo El Real posible.

 

Inclaudicable.

Quizás sea éste el punto de partida para pensar todo de nuevo. Al fin, digo yo, hay algo, un algo, verdaderamente común. ¿Seremos capaces de traspasar los límites obsoletos y aburridos de las convenciones escénicas que nos unen? ¿Podremos, todos juntos, evadir la costumbre, desafiar al Teatro y entregarnos a lo desconocido?

 

Para terminar, necesito compartirles el primer disco que Lennon grabó como solista, junto a Yoko Ono. Se llama Plastic Ono Band, fue editado el 11 de diciembre de 1970, justo el año en que se separaron los Beatles, Nixon hacía mierda Camboya y Vietnam, y Lennon se sacaba esa foto emblemática en la cama con Yoko. “There is an alternative to violence, its to stay in bed and grow your hair”, decía. Mientras escribía y pensaba este texto, debo haber escuchado el disco unas cien veces.

 

Cómo no sabemos qué va a suceder, quizás lo único importante ahora sea empezar por bailar algunas canciones.

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