Fútbol en tiempos de pandemia

Una ¿distopía? enfoca el dilema de una sociedad amenazada por el Covid-19, aún en cuestiones tán básicas e importantes como el fútbol

Compartimos el cuento escrito por Edgardo Broner, promoción 1970, para wwww.revistuncanio.com.ar

Hoy por fin vuelve el fútbol. Los televisores del país y de todo el continente se encenderán con la ansiedad de tanta espera y habrá algunos testigos privilegiados en las tribunas que representarán a millones. Con frases así, los medios anunciaban desde temprano que el deporte había encontrado su espacio durante la pandemia. ­

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando tu retorno, querido fútbol, volviste con la frente marchita, cantando así como la cigarra después de un año bajo la tierra. Todo indicaba que íbamos a tener que esperar mucho, mucho, muchísimo más, pero con algunos cambios reglamentarios menores, la pelota comenzará a rodar en el verde césped dentro de pocos minutos”, emocionaba la voz del relator. Se acercaba el partido que iba a cerrar el paréntesis impensado y era en Buenos Aires, la ciudad que también albergó la primera Copa América en 1916.

La salida de los equipos a la cancha comenzó más temprano de lo habitual. Los jugadores fueron apareciendo de a uno y se acomodaron en distintos sectores del campo, alejados entre sí, lo que dio tiempo a que las hinchadas corearan el nombre de cada protagonista, sin que hiciera falta un anunciador que los presentara como en el básquet. Algunos sintieron el afecto musical por primera vez.

Los hinchas se ubicaron en las tribunas de atrás de los arcos, con mucho espacio entre sí, cumpliendo con todas las normas sanitarias. Pese a la comodidad ofrecida, varios eligieron pararse en los paravalanchas, cantando como si los rodeara una multitud para seguir sus compases.

La primera luz
Dos semanas antes, en Todo Fútbol ya no sabían qué inventar para llenar el espacio del programa radial de cada tarde. El viejo mecanismo de abrir las líneas para que los oyentes dijeran lo que se les ocurriera lo estaba tornando repetitivo y aburrido, por más que de vez en cuando aparecía cierto comentario interesante.

-Hola, me llamo José Bernardo Gauss y considero que se puede volver a jugar al fútbol en pocos días con un leve ajuste a las reglas del juego.

Nadie le prestaba mucha atención, hasta que le contestó Carmelo Lorenzo, con su emblemática voz grave.

–Estimado amigo, todos sabemos que los partidos han sido postergados sin fecha como lo han manifestado tanto la Fifa como la Conmebol y las distintas federaciones de los 583 países que conforman el planeta fútbol. Hay muchos oyentes en espera, por lo que le agradeceremos si redondea brevemente su propuesta, aun sabiendo que toda reanudación del deporte más popular es inviable por el momento.
–¡Cómo no! –respondió Gauss sin acusar el apuro-. Se trata de una modificación menor a las reglas que indique que ningún futbolista podrá estar a menos de dos metros de otro.
–Muy ocurrente, señor, pasemos al siguiente amigo oyente, porque el tiempo es tirano en radio, aunque el lado bueno de esta cuarentena es que podemos compartir horas con nuestra querida audiencia, ya que no se nos ocurre qué más decir…
–Espere un instante, Carmelo. Me gustaría que el señor explicara más esa idea de los dos metros –se atrevió el veterano comentarista Enzo Blanco, pese a la mirada agresiva del conductor.
–Si siempre se mantiene la distancia de 2 metros, como excede en algunos centímetros las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, no habrá posibilidades de contagio. Se jugará de otra manera y dependerá del ingenio de los estrategas y los futbolistas la forma en la que afronten este desafío nuevo, pero así podrá volver el fútbol, sí, volver a jugar a lo que más nos gusta, tan pronto como se quiera.
–Así no se podrá ni empezarrrr el parrrrtido, imagine el saludo inicial o las fotos de los equipos –comentó con sorna el líder del programa.

Gauss no se intimidó.

–Si bien esos aspectos previos son prescindibles, podrán realizarse sin inconvenientes. Se colocan en fila como lo hacen habitualmente los 22 jugadores y el equipo arbitral, solo que separados por 2 metros de distancia.
–Así no alcanzará toda la cancha, jojojo.
–Suponga que consideramos que cada jugador tenga un metro para ocupar, que es más de la realidad. Hasta podría estar el equipo arbitral completo, incluyendo al cuarto. Son 26 personas con un metro para que cada una esté cómoda y a 2 de distancia de los más cercanos. ¿Sabe cuánto mediría esa línea?
–No sé, supongo que como 500 metros.
–Entre los 26 protagonistas habrá 25 espacios libres, ¿verdad? Si cada espacio entre ellos es de 2 metros, van 50. Más otros 26 que suma cada metro ocupado por ellos, da 76. Más corto que cualquier cancha de clubes profesionales.
–Pero después empiezan a saludarse y se arruina todo.
–No hace falta. Tomemos el ejemplo de Japón, que nos ha enseñado tantas cosas. Los jugadores girarán 90 grados de manera que miren hacia sus rivales y harán una leve reverencia, lo que resultará una señal de respeto previa a un partido que se sabe que no tendrá roces. Y el que quiera podrá pronunciar “Arigato gozaimas”, de manera de sentir más profundamente la ceremonia.
–¿Y la foto?
–Menos problemática todavía. Seis parados, manteniendo esa distancia, y cinco agachados dos metros más adelante. Se lo dejo para que usted o el oyente que quiera hacerlo calcule en cuántos metros cuadrados se podría armar el equipo para la foto sin inconvenientes. Con un fotógrafo alcanzará, pero si son varios, será cuestión de que también mantengan la distancia. Seguramente usted como relator no podrá utilizar más la expresión “un ejército de reporteros gráficos”, pero acá se trata de jugar al fútbol, no de un concurso de fotografía.
–Muy simpática su propuesta, Guzmán. Algún físico nuclear de los que nos escuchan podrá intentar resolver lo de la foto. Lamentablemente tenemos que terminar porque ya es la hora del noticiero con las tablas de posiciones del virus en el país y el mundo.
–Disculpe, amigo Gauss, por favor no corte que seguiremos por línea privada –agregó el comentarista Blanco, quien intuyó que había algo más que interesante en el planteamiento.

Lo miran por TV
“Pepe, te llaman”, avisó Rita, que estaba cebando mate. El teléfono fijo, un objeto en extinción, había sonado después de mucho tiempo. Era de aquellos de color negro, descascarado, que en la casa nunca se habían preocupado por cambiar.

– Sr. Gauss, tengo el gusto de presentarme. Mi nombre es Tony Connection, soy el productor principal del gran programa de televisión “Siete cracks a la vez”, que seguramente habrá visto más de una noche por nuestra cadena Deportes Sports.
–Mucho gusto.
–Ayer lo escuchamos por radio y nos interesaría invitarlo a nuestro programa para que nos cuente su idea. Tenemos que resolver cómo ponerlo al aire; podría ser con imagen para que lo conocieran millones, si usted tuviera Zo-om (lo pronunció en dos sílabas enfatizando las “o”) o tal vez wasap, aunque le aclaro que me resulta espectacular cómo se escucha por este teléfono fijo, como un cañón.

El programa lo abrió Pocho Lamberti con el acostumbrado “Señoras y señores, salgamos a la caaanchaaa, bienvenidos a otra edición de Sieeeetee crracks a-la-veeezzzzz”, mientras todos los demás saludaban estruendosamente, bromeaban sobre cortes de pelo y la ropa que lucía cada uno, con leyendas en la pantalla que mencionaban la sastrería responsable. Lo único claro en medio del batifondo.

–Hoy tenemos un invitado especial, un amigo con una idea revolucionaria que puede permitir que vuelva el fútbol muy, pero muy, pero muy pronto.

Entonces comenzaron a superponerse expresiones estruendosas de los siete tratando de que prevalecieran sus voces, entre las que apenas se pudieron entender algunas palabras como público, cancha, barbería, transmisiones, viáticos, play, árbitros, VAR, Maradona, Messi, Riquelme, Gallardo, Qatar, televisión, pizzería, cumbia y  volveremo.

Recién sobre el cierre del show, Lamberti le hizo la primera pregunta al invitado: “Amigo Pepe, ¿Los jugadores usarán barbijos, tapabocas o algo así en los partidos que usted propone?”.

Tras un minuto de voces mezcladas a gran volumen, hubo un instante de tregua para que Gauss respondiera. “Por supuesto, es un requisito indispensable y no usarlo por un instante causaría una tarjeta amarilla. Tiene un lado sanitario y otro comercial. Ya los protagonistas no tendrán que taparse la boca como hacían a cada rato para que no les pudieran leer los labios por televisión. Y los clubes tendrán un beneficio adicional ya que el barbijo, con los colores de su camiseta, permitirá un espacio más para ofrecer a los patrocinadores, con el extra de vincularse a una recomendación tan importante de salud”.

Gauss estuvo tentado de plantearles un desafío sobre cuántos barbijos serán necesarios como mínimo para los protagonistas de un partido, sabiendo que debían usar otros para el segundo tiempo, pero con el ruido de tantos vociferando entre cuestionamientos, incredulidad, un cantito sobre que el barbijo de nuestro equipo se tiene que transpirar y alguna posible aprobación, apenas pudo asomar el mensaje más importante: “La clave es que ningún jugador podrá estar a menos de 2 metros de distancia de otro a lo largo del encuentro”.

Con la imagen de las siete celebridades en una cancha, Pocho cerró el espacio con su estilo habitual: “A nombre de los barbijos oficiales de Qatar 2022, las nuevas pelotas enjabonadas de la Copa América y el delivery de Sushi de los Juegos Olímpicos, nos despedimos hasta mañana a la misma hora y por la misma señal con, a ver toooodas las voces toodas juntas…: ‘Sieeeetee crracks a-la-veeezzzzz’”.

La pantalla lucía el zócalo “Vuelve el fútbol en la Argentina” e inmediatamente comenzaron a aparecer anuncios de los revendedores de entradas.

 Moliendo café virtual
Pepe siempre había tenido facilidad con los números. No la aplicaba casi en su trabajo de bibliotecario, pero sorprendía a sus compañeros y a los clientes con algún acertijo o por la velocidad con la que calculaba. El fútbol marcó su vida desde las transmisiones de radio que sonaban en su casa cuando era bebé, los partidos en la calle de niño y las idas a la tribuna todas las semanas, primero con su tío, luego con el grupo de amigos que cada jueves se encontraba en el café del barrio.

En esas charlas surgían las ideas más inesperadas. Cuando se declaró la cuarentena, Cholo, un eficiente técnico de sonido, les organizó el café virtual y en ese ámbito Pepe empezó a elucubrar la idea del fútbol a 2 metros, con el entusiasmo de todos como gran aliado para que volviera a dar vueltas la pelota. En la mesa participaba Marcos, que quienes lo conocían del fútbol no imaginaban que era veterinario. Así que la complicidad de los muchachos tenía un aval de salud que fue envalentonando la propuesta.

–¿Por qué no se va a poder jugar al fútbol si se siguen las normas de la OMS? –abrió la charla virtual Pepe y en los cuadritos de la pantalla se veían las caras de sorpresa de los amigos. Respetemos la distancia social como regla y lo demás se podrá ajustar– redondeó.
–¿Cómo vas a jugar manteniendo la distancia si el fútbol es roce, disputa, contacto?– retrucó Félix, que era el cuestionador de la barra, al que no lo convencía ningún jugador de su equipo.
– ¿Y cómo nosotros estamos ahora viviendo metidos en nuestras casas si la vida es abrazos, besos, empujones, corridas? Llevemos esta experiencia al campo de juego también –enfatizó Gauss con una convicción que empezaba a contagiar.

Fue contundente la respuesta de Numerito. Le habían puesto ese apodo cuando descubrieron la existencia de Carl Friedrich Gauss, uno de los grandes matemáticos de la historia. Incluso pensaban que había algún parentesco. La habilidad para los cálculos que tenía Pepe podía estar en sus genes. Él mismo se entusiasmó cuando encontró en su trabajo el libro “El príncipe de las Matemáticas” que contaba maravillas de Carl y pasó semanas leyendo su disertación sobre el Teorema Fundamental del Álgebra.

Cuando vio que los micrófonos de los amigos seguían apagados, con el ícono de la banda roja atravesada, remató la idea rescatando el fútbol de medio siglo atrás.

–Durante años escuchamos que el Mundial más espectacular fue el de México ´70, con el equipazo de Jairzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelino. En este encierro en mi casa aproveché para ver los videos. Noté que el 90% del tiempo los jugadores recibían la pelota y nadie los marcaba, todos observaban desde lejos. En el 10% sí había patadas y disputas, sobre todo en los de Uruguay. Pero durante casi todos los partidos se jugó al fútbol con distanciamiento, sin imaginar lo que hablaríamos 50 años después.

Su euforia fue creciendo y agregó otro dato fuerte a su disertación.

–En los Mundiales de esa época participaban nada más que 16 equipos y solo había 32 partidos. ¿Saben cuánto tiempo jugaron con distanciamiento? Calculen, 81 minutos x 32. Eso da 2.592 minutos. Es decir 43 horas y 12 minutos. Y sin contar el tiempo adicionado ni los suplementarios como aquel de Italia 4 Alemania 3, que nos quieren vender como espejitos. Casi dos días continuados del momento cumbre, el más brillante de la historia de este deporte, fue de fútbol a 2 metros de distancia. Podemos hacerlo ahora, con toda la evolución tecnológica y con todas las precauciones para la salu…

Y se silenció el micrófono de Gauss, su imagen se congeló y desapareció de las pantallas. Se había caído su conexión a Internet.

Los amigos se miraban desde los cuadritos del Zoom, primero sin decir palabra. Después Cholo acotó. “Sí, ese fue el Mundial de Beckenbauer, Teófilo Cubillas, Mazurkiewicz, Pedro Virgilio Rocha, Gerd Müller, Bobby Charlton, la atajada famosa de Banks a Pelé, Facchetti, Riva, Mazzola. Marcó una era porque fue la primera Copa del Mundo que se transmitió por satélite a todos lados. A lo mejor ahora empieza otra era con la idea de Pepe”.

–Algo de razón tiene –confirmó Marcos.
–Pero, ¿quién le hará caso?, sabemos cómo son los dirigentes – volvió a dudar Félix.
–Si la idea sirve para que vuelva el fútbol y puedan cobrarles a los de la televisión, a los patrocinadores y a los socios, lo van a estar buscando desesperados –retrucó Cholo.
–Aunque la idea después se la roben y le pase como al húngaro Ladislao Biro, que inventó el bolígrafo. Fue una revolución para la época y terminó pobre –agregó Félix para no abandonar sus dudas.

Al fondo de la red social
La cuenta de tuiter @pepegauss estaba casi en desuso. La había abierto más que nada para leer lo que se decía en el mundo del fútbol y sobre todo de su club querido. Tenía como seguidores a los amigos del café, un primo y algunos robots. En la misma noche del programa de televisión se sumaron otros 20 mil. Y Cholo lo alentó para que escribiera algo.

“El fútbol a 2 metros permitirá que vuelva la alegría a las canchas tan pronto como querramos”, tuiteó Pepe y agregó el hashtag #FutbolA2metrosYa, que explotó en pocas horas.

“Por favor sígueme @pepegauss para enviarte un DM”, se repitió decenas de veces desde cuentas de periodistas, empresarios, agentes, representantes, entrevistadores narcisistas de Instagram, youtubers, marcas deportivas, hackers y dirigentes, mientras los hinchas volcaron en la red su ansiedad por el regreso del fútbol, alentándolo, viralizando el #FutbolA2metrosYa.

Habló primero con los amigos del café y pensaron que sería bueno parar el balón para conversar con un director técnico y un árbitro. De esa manera lograrían atar algunos hilos más antes de responder al aluvión, que seguía creciendo. Repitieron que era como una bola de nieve, aunque ninguno de ellos había tocado cristales de hielo fuera de sus heladeras.

Pese a la cuarentena, en la puerta del edificio donde vivía Gauss estaban estacionados varios móviles de los canales de televisión y una serie de reporteros que se mezclaban con personajes intrigantes del deporte, siempre cuidando la distancia social. A Numerito le preocupaba que se abalanzaran cuando apareciera. Por eso decidió no asomarse hasta que terminaran las consultas, no obstante el insoportable sonido del timbre repetido. Había que redondear muy rápido las ideas.

Toques técnicos
Xabier Artiles era un árbitro vecino del barrio que en una época había dirigido en la liga local cuando Cholo, Pepe y Marcos jugaban en el Atlético. Era inflexible y los equipos solían terminar los partidos con 2 o 3 jugadores menos. Ahora estaba en el nivel más alto del profesionalismo, por lo que nunca hacía declaraciones, pero no le escapaba a la charla entre amigos, sabiendo que nada de lo que se hablara iba a trascender.

Prefirió que el Zoom fuera sin su imagen y que se usara la última versión que requería password. Se conectó tras su entrenamiento diario corriendo entre los muebles de su living y le pareció interesante la idea. Pepe le explicó que cualquier jugador que acortara la distancia de 2 metros sería amonestado, lo que generó un debate sobre cómo medirlo. La idea original era un sistema de cámaras que lo detectara, como cuando se muestran las distancias al arco o cuando se evidencia que en las barreras nunca se cumplen los 9,15 m.

El juez dijo que sus colegas están acostumbrados a percibir la distancia a ojo y tienen buena práctica para ello. “A veces cobran penales por acciones fuera del área, las que siempre se recuerdan, pero en la mayoría de los casos aciertan. Ayudaría pintar el campo con líneas a 2 metros de distancia, a lo largo y a lo ancho. Y coincido en amonestar de entrada sin una advertencia previa”.

Otro tema era dónde ubicar al árbitro para que él también mantuviera la distancia. Podía ser una garita de 3 metros de altura en el centro del campo o desde afuera, como en el VAR. “Me gusta la garita”, se emocionó Artiles, pensando en la presencia cercana a los futbolistas con un contacto más personal para mostrarles una tarjeta o advertirlos. Los asistentes podrían estar en la primera fila de la tribuna lateral de su lado, bastante más adelante que los suplentes.

“Pero hay que tener en cuenta otros factores”, acotó el internacional haciendo una pausa que generó una intriga tensa. “El buen árbitro debe estar cerca de la jugada, buscando el mejor ángulo para observar las acciones; eso le da credibilidad. En las faltas fuertes hay que acelerar para llegar al lugar, imponer presencia y controlar la situación”. Analizaron que la garita fuera móvil, lo que se descartó porque algunos no sabían manejar, agregar un chofer era complicado y había un alto riesgo de atropellar a un jugador. Un dron resultaba la mejor alternativa para tener el ojo cercano a las acciones, pero mientras tanto se iba a comenzar con una solución simple: binoculares más una linterna láser que proyectara esa presencia, casi intimidatoria, sabiendo que difícilmente iba a haber peleas, ya que el solo acercamiento causaría una amonestación.

Claudio Garnica, un educador más allá del campo de juego, era un DT amigo que había trabajado con las divisiones infantiles y juveniles en clubes importantes. Coco había jugado en Newell´s, donde conoció a varios entrenadores actuales e hizo pasantías con Bielsa, Martino, Vivas, Berizzo, Bidoglio y Pochettino, por lo que entendía el pensamiento de sus colegas. Escuchó la propuesta y se preguntaba qué pasaría si un equipo colocara a todos sus jugadores en una fila a lo ancho del campo, de manera de cubrirlo y que nadie pudiera pasar sin acortar la distancia obligatoria.

Gauss sacó la cuenta, dándole un metro a cada jugador y vio que ocuparían bastante menos. Les dijo a los demás que lo calcularan para ejercitar la mente. “Fíjense que serían 10 futbolistas, el arquero se quedaría en su lugar para que no le patearan al arco vacío desde la mitad. Pero pensemos un ajuste en este tema, porque podría convertirse en una trampa, una estrategia que conspire contra el espectáculo que queremos”.

Le contó a Coco la idea de aplicar el control del tiempo del básquet, recordando que en los comienzos de ese deporte los jugadores de un equipo se pasaban la pelota durante un largo rato hasta que en 1954 apareció el límite de los 24 segundos en la NBA para tirar al aro o acabar con la posesión. En el fútbol había pensado en un minuto, dadas las dimensiones del campo; era cuestión de probarlo. Y quería compartirle las dudas de si además prohibir el pase atrás y que un futbolista no pudiera tener más de 3 segundos el balón dentro de un mismo recuadro de 2×2. “Esto me gusta, lo del pase en retroceso no, tal vez limitarlo a uno o dos, para no perder acciones como el centro atrás”. Le encantó el efecto de la chicharra cuando se acabara el minuto, sin imponerles a los estadios una pantalla que fuera mostrando los segundos restantes.

Con las dos consultas, se sintieron convencidos de que el camino estaba casi definido. Pepe fue al baño, se cambió, le dio un beso a Rita y se asomó al balcón.

Puntapié inicial
La imagen de Pepe Gauss entre las macetas de su balcón, con una camiseta de fútbol roja y una gorra deportiva, apareció en la mayoría de los medios. La visibilidad de sus ideas generó múltiples llamadas entre dirigentes, empresarios, técnicos, poetas y futbolistas, haciendo sonreír al equipo de marketing de Puma, que hubiera tenido que pagar mucho para lograr tanta difusión.

La repercusión descomunal surgió en medio del conflicto por la inconsulta decisión de la AFA de dar por terminados los torneos sin tener en cuenta a los jugadores, que se iban a quedar sin trabajo cuando ya no tuvieran posibilidades de conseguir otro. Los futbolistas habían sido los primeros en hablar con Pepe, que al escuchar al capitán de su equipo se conmovió casi tanto como cuando gritaba sus goles. Así que se abrió un paréntesis entre las partes, que ya iban a una mediación dificilísima. El diario deportivo local volvió a poner en la tapa a Gallardo y a Riquelme, palpitando un clásico inminente.

“Tenemos que hacer primero un partido de prueba”, deslizó el presidente de un club grande cuando el resto de sus colegas se resignó a prestarle alguna atención a la propuesta. Estaban tranquilos con eso de terminar los contratos y no aumentar las deudas que ellos mismos habían generado desde hacía años, contratando con sueldos de muchos dólares a presuntas figuras que nunca figuraron.

–Hablemos con Zanetti para armar un partido benéfico. Puede invitar a las glorias que estén por acá, no corramos riesgos con nuestros players. Se vendería bien, colaboraría con una causa justa y destinaría un cierto porcentaje para los clubes más necesitados, como el nuestro –deslizó lavándose las manos con alcohol en gel el vice del eterno rival.
–Los amistosos no le interesan a nadie. Que sea un clásico, de esos de gran rivalidad –terció el secretario con la imagen de fondo de una biblioteca donde se percibían las telarañas.

Y los dirigentes se movían en la disyuntiva de proponer que jugara su equipo el histórico partido y las dudas de si no iban a quedar en ridículo con el nuevo tipo de juego. Hubo mociones para Lanús-Banfield, Vélez-Nueva Chicago, Atlanta-Chacarita y Excursionistas-Defensores de Belgrano, hasta que el presidente de la Comisión de Finanzas hizo valer su voz, después de estornudar cubriéndose parcialmente con el revés del codo.

–Lo ideal sería arrancar con un Boca-River, del que va a hablar todo el país, el continente y se va a televisar al mundo. Hasta tendríamos garantizado el mercado chino, que ya está recuperado.

La negativa contundente de los mandatarios de los dos equipos más populares se basó en el desgaste que genera cada enfrentamiento para sus hinchas y que altera a toda la nación, aun cuando les ofrecieron un árbitro conocido por asegurar empates. Luego se llegó a un cuarto intermedio porque los demás insistieron que iba a ser un éxito comenzar con tanta fuerza y se reabrió la posibilidad. Se designó una comisión para reunirse con Gauss y buscar una fecha inmediata para el partido, con la presión de urgencia de Agremiados.

Pepe ya había tenido que pagar una extensión del servicio de internet en su casa. No le interesaba ganar dinero con su idea, se contentaba con que se volviera a jugar e ir con sus amigos otra vez a la tribuna, si bien sabía del negocio millonario detrás. Como podía plantear alguna condición, puso el tema sobre la mesa del café virtual. “Que nos den entradas para todos los partidos, que nos incluyan en la Libertadores, que la ganemos, que no nos dirija más elquetejedi”. Todo tenía que ver con la pasión del hincha, aunque Rita se asomó por la cámara y sugirió que les pidiera un contrato vitalicio como asesor de la AFA y que en el barrio se viera el fútbol gratis.

Por fin se conectó al link donde esperaba el enviado de la AFA, acompañado por otros directivos que escuchaban en silencio.

–Estimado amigo, tenemos que hacer un planteamiento de los cambios reglamentarios a la International Board –comenzó poniendo piedras en el camino el vocero dirigencial. Como sabe, esto lo deciden los británicos en igualdad de votos con la Fifa, 4 y 4. Son muy conservadores y tardan mucho en reunirse. Sin embargo, sabemos que en la emergencia están atentos, como en la decisión de la Fifa de permitir 5 cambios por equipo en vez de 3.
–Fíjese que eso lo decidió la Fifa antes de llegar a la Ifab. Incluso la propuesta de la tarjeta amarilla por escupir no nos hará falta porque nuestros jugadores usarán barbijo y quien lo haga tendrá su propio castigo interno.  Yo no me preocuparía tanto por esos ingleses, galeses, escoceses e irlandeses. Recuerde que en Estados Unidos definían los empates con aquellos shootouts y se los prohibieron recién después de varios años. Lo nuestro será temporal, hasta que aparezca la vacuna, aunque no descarto que este invento argentino se convierta en una nueva especialidad, que incluso podría aceptarse como disciplina olímpica. Y la Fifa agradecerá que se juegue cuanto antes, sin esos riesgos de los alemanes y otros en Europa –los dejó mudos Gauss.

Remató su discurso ofreciéndose a conversar directamente con Zúrich, seguro de que los iba a entusiasmar y darle forma mundial a su idea. En sus horas libres en la Biblioteca había aprendido inglés leyendo un diccionario. Igual sabía, por lo que Coco le había contado, que en la Fifa uno habla en su propio idioma y los traductores en línea lo llevan a los audífonos de cada uno en el suyo.

Tiempo de juego
Los equipos posaron para las fotos, tomadas con un gran angular, cerca del arco detrás del cual estaban sus respectivas hinchadas. En la imagen aparecieron varios de la tribuna en los espacios libres entre sus jugadores, sin el riesgo de los intrusos que antes saltaban al campo para eso. Tras el saludo con reverencias asiáticas, el juez con la máscara oficial negra de tres capas de poliéster, llevando la linterna láser en el bolsillo de las tarjetas, subió a la garita. Se aproximaron los dos capitanes, cada uno en su lado del campo. En vez del sorteo con una moneda, que no se iba a ver, se efectuó un piedra, papel o tijera, que requirió tres intentos.

Los primeros minutos fueron de cautela e inseguridades en el campo pintado con cuadraditos de 2×2, desde que Tevez movió para Reynoso, mientras el resto daba pasitos observando con dudas hacia todos lados para no cometer la infracción de reducir la distancia obligatoria. Por fin Salvio se mostró y distrajo la marca, Buffarini vio un espacio para proyectarse, corrió y pateó desde muy lejos. Su tiro cruzado pasó como a 10 metros del arco de Armani, lo que generó el primer “uuuuh” del sector xeneize en la Centenario, no tanto por la posibilidad remotísima de que entrara sino por el reencuentro con las sensaciones de la cancha después de varios meses.

El murmullo combinaba las exclamaciones de los hinchas presentes con el parlante de los socios. Para compensar de alguna manera a quienes tenían sus cuotas al día pero no podían asistir, se había pensado en las figuras de cartón que diseñaron los alemanes, pero a todos les pareció algo muy frío. Así que optaron por la aplicación de Bleco Service, una startup de futboleros de Avellaneda. Los micrófonos de los celulares desde cada casa se conectaban sumando el aliento representativo de miles en los parlantes ubicados en la tribuna. La app incluso filtraba insultos y todo tipo de groserías.

Los primeros 20 minutos no entusiasmaron, entre la intrascendencia de los pases, el apuro de los 3 segundos para salir de los recuadritos y que la chicharra iba a sonar si la posesión llegaba al minuto. Cada equipo ya tenía tres amonestados y eso se volvía una preocupación en los entrenadores, sabiendo que los cinco cambios tenían que usarse sabiamente. “Había escuchado que los cinco cambios eran de tres jugadores y dos directivos”, comentó un tesorero suplente con alguna ilusión.

Gauss miraba con nervios su invento y aflojaba las tensiones sacando cuentas. Con los nuevos 5 cambios en 3 momentos por equipo, se preguntaba cuál era el máximo de jugadores que se podrían cambiar en uno de esos momentos, entre los dos clubes en total, si se usaban nada más que 5 paréntesis para modificaciones. Lo rodeaban y lo alentaban sus tres amigos con varias sillas vacías de por medio, Cholo tratando de resolver los desafíos de ingenio, Marcos como si supervisara cada detalle de salud, Félix con cara de que esto no iba a funcionar.

Los desinfectapelotas cumplían la misión de los muchachos en los alrededores del rectángulo, devolviendo los balones ya bañados con lavandina y secados. Por sus trajes casi espaciales rígidos, algún hincha los bautizó Arturitos, por el robot de Guerra de las Galaxias.

La línea de cinco que plantó Gallardo cubría bien el ancho del campo, por lo que los disparos boquenses habían sido todos de lejos. Pero una subida de Montiel le dejó la banda libre a Fabra, que voló hasta el vértice del área grande sobre la línea de fondo, su centro fuerte rasante rebotó en Pinola y Armani llegó milagrosamente a desviar la pelota que estaba por entrar. El impulso del zaguero lo llevó a intentar despejar casi junto al arquero, por lo que cometió una infracción. Además de la tarjeta amarilla, se supuso que correspondía un tiro libre indirecto para Boca a 30 centímetros de la línea de gol y un consecuente conflicto reglamentario.

Entre las protestas de los técnicos y varios jugadores, el análisis de Enzo Blanco recorría un camino confuso: “Fíjense, amigos, que si se pone alguien de barrera debajo del arco en el punto más cercano a la falta, evidentemente no se va a poder acercar alguien a patear. Si el defensor se corre para cumplir con los 2 metros, esa parte del arco quedará desprotegida y nadie tendrá la posibilidad de tapar el tiro”. Le soplaron que era indirecto y acotó: “Aunque sea indirecto, si el shoteador se queda ahí tras tocar hacia un compañero será el gol de balón detenido más fácil de todos los tiempos, evidentemente”. En ese momento vio en su celular un mensaje de su analista arbitral, que le recordaba que los indirectos a esa distancia se pateaban desde el borde del área chica.

Las dudas se disiparon cuando Nelson Cerbattana, desde la garita, señaló con su láser el punto penal. Se acercaron de ambos equipos a reclamarle y alcanzaron a oír “falta en el área es penal”. Encima mostró dos tarjetas más, entonces los estrategas mandaron a hacer trabajos precompetitivos a los suplentes en el pasillo de la platea San Martín baja. Pepe asintió aprobando la decisión arbitral, como se vio en la transmisión, desde su ubicación de bajo perfil en la Belgrano.

La ceremonia del tiro de los 11 metros fue con el máximo cuidado de cómo moverse en caso de rebote, por lo que no se verían las habituales invasiones de área en masa. El fuerte derechazo al medio de Carlitos, pocos centímetros debajo del travesaño, siguió con un festejo preparado en el campo propio, con Buffarini de guardia en el círculo central para evitar que continuaran las acciones. Tuvieron en cuenta la moderación que se había pedido, si bien los pasos de baile pudieron haber ofendido.

En las recomendaciones previas se recordó que el Pato Pastoriza, cuando era secretario general del gremio, había convencido a sus compañeros de no celebrar los goles por respeto a sus colegas con otra camiseta y también se contó que Arsenio Erico no festejaba cuando convertía un penal, solo le daba la mano al arquero, aunque ahora eso no se podía.

Gallardo hizo los dos primeros cambios y mantuvo a Pinola por la eficacia mostrada, pero tres minutos después el zaguero no sólo aceleró demasiado en una cobertura acercándose más de lo permitido a Salvio, sino que con el envión le metió un planchazo similar a aquel que recibió Benítez por la Libertadores 2018. Protestó ya que por algo así el brasileño Daronco ni le había cobrado falta, pero vio la roja directa, que Blanco calificó como una compensación histórica.

Los cantos cruzaban de un lado al otro, respondiendo a la sugerencia de que no hubiera insultos en ese momento tan delicado. Se escuchó “Lavandina, lavandina, lavandina, lavandina, esta tarde desinfectamos otra vez a las gallinas” y “La Conmebol, la Conmebol, arregla todo con gel y alcohol”, mezclándose las iniciativas de los presentes con los parlantes de los socios.

El tiro libre a cinco metros del área era tentador, así que se acercaron a la pelota Tevez, Reynoso y Campuzano, por lo que estos dos últimos fueron amonestados. Russo estaba por cambiar al colombiano, que protestaba lo que consideraba una injusticia. Por más que el barbijo impedía identificar algún insulto, no paraba de señalar con sus dedos índice y mayor en V que había mantenido los 2 metros, pero sus gestos lo traicionaron bajando el índice y quedaron 10 de cada lado. La barrera se armó como un triángulo, con 3 en primera fila, dos metros más atrás otros dos, cubriendo los huecos y uno detrás como un vértice.

Las dos hinchadas se unieron en el canto hacia el colegiado. Si bien los tapabocas distorsionaban el sonido, se entendió que se trataba de la música de Cidade Maravilhosa, sin ninguna palabra de la letra original del compositor André Filho y con sospechosos silencios en los parlantes.

La escapada de Borré por un callejón vacío, con el pase bochinesco de Nacho Fernández ante una defensa descompensada, generó un murmullo en la Sívori. El rumor se convirtió en estallido cuando el colombiano definió a la derecha de Andrada. La corrida del delantero rozó al arquero y no pudo evitar sacarse la camiseta. Empate y doble amarilla, acompañado de un supuesto insulto del guardameta que ya estaba amonestado, por lo que los primeros 45 terminaron 1 a 1, con nueve jugadores por lado y ocho amonestados. La sabiduría de Pastoriza volvió a hacerse evidente.

Gauss había pedido que no hubiera más tarjetas por sacarse la casaca, ya que había una nueva sanción al quitarse el barbijo, pero la AFA ya no quiso hacerles más pedidos a los de la International Board, que habían aceptado los 2 metros, el minuto con chicharra, las amonestaciones por acercamiento y los tapabocas con sus implicancias. Todavía se debatía sobre el intercambio de barbijos al final de los partidos, recuerdos inéditos para los coleccionistas que ya tenían camisetas de todo tipo.

“El barbijo de Boca se tiene que transpirar”, cantaron algunos, completando la canción con que River usa mascarilla por algo de la B de barbijo. “Tapaboca, tapaboca, tapaboca para mí, hoy también se la tapamos otra vez como en Madrí”, retrucaron los de enfrente.

Al retirarse del campo, Capeletti le preguntó desde 2 metros de distancia a Tevez qué significaba para él haber convertido el primer gol en esta nueva era del fútbol y no se le entendió lo que murmuró como respuesta, con dos Arturitos saludando desde atrás. Fue equivalente a cuando requirió a Borré, caminando anticipadamente hacia los vestuarios, sobre lo que significaba el primero con pelota en movimiento. Así que las entrevistas comenzaron a hacerse en lenguaje de señas, con algunos dedos en V, pulgares arriba o abajo, agarrándose la cabeza o tirando golpes de puño al aire. A los televidentes les resultaron más interesantes que las de siempre.

“Hemos presenciado una sorprendente primera etapa, amigos. Hubo momentos aburridos, compensados por la emoción de los goles y las tensiones de las expulsiones. La promesa para el complemento es de acciones extraordinarias, con los espacios mayores que dará el enfrentamiento de 9 contra 9, por lo que auguro una tarde feliz con varios goles más y varias tarjetas”, resumió en el entretiempo Enzo Blanco, quien estaba en una cabina distinta a la del relator. Había habido cientos de pedidos de acreditaciones, pero entraron pocos periodistas al Monumental. El criterio de selección fue darles prioridad a aquellos medios que habitualmente concurrían a los escenarios, ya que la mayoría transmitía desde sus estudios o casas mucho antes de la cuarentena. Caso aparte fueron los llamados medios partidarios, entre los que sortearon unos pocos cupos para ubicarse con los hinchas. Algunos se alegraron porque pudieron ponerse la camiseta de su equipo, lo que les hubiera gustado probablemente también a otros de las grandes cadenas que dicen ser simpatizantes de instituciones de la C.

Marcos Díaz apareció unos minutos antes de la reanudación para practicar con buzo azul y guantes blancos en el arco de la Centenario, aplaudido por la parcialidad boquense. La respuesta del otro lado fue un “llueve, llueve, llueve, llueve, a los que usan esos guantes los aplauden a las 9”.

 Complemento monumental
Los jugadores volvieron a aparecer de a uno, desde los 8 vestuarios habilitados, por donde los entrenadores se habían paseado para darles la charla técnica casi personalizada. En el anillo del estadio, debajo de las plateas, resonaba el eco de todos esos lados con un grito en común, el infaltable e infalible “vamo, vamo”.

A cada equipo le quedaban tres cambios y ya tenían cuatro amonestados, por lo que la vieja advertencia “no te pases de la raya” se convirtió en la frase más usada.

La intensidad fue haciéndose mayor, como lo había adelantado el comentarista Blanco y lo podría haber hecho cualquier otro espectador sin micrófono. Pero había que tomar precauciones, por lo que ambos entrenadores propusieron dos líneas de cuatro, desde las cuales los audaces se soltaban cuando veían una oportunidad y los rivales apuntaban a ese agujero dejado.

El gol de Pratto, con su potencia y la imposibilidad de detenerlo sin acercarse, provocó un estallido seguido de “Chito chito, mejor pongan en el arco la mascota del osito”, pero pocos notaron que había sonado la chicharra, indicando que se cumplió el minuto de posesión antes de que el delantero nacido en La Plata pateara. Las protestas fueron más moderadas, salvo las de los hinchas millonarios, cuatro de los cuales debieron ser retirados por aglomerarse junto a la baranda y reclamar de más cerca al juez, si bien la tribuna se encontraba a unos 80 metros del punto medio y su bandeja a 30 de altura. Numerito calculó la longitud de la hipotenusa para determinar a qué distancia estaban los insultos del agraviado. Igual el cantito riverplatense se repitió, porque en la jugada siguiente el Oso convirtió de cabeza, a lo que el empate de emboquillada de Wanchope Abila inspiró la respuesta de “Pasa, pasa, pasa, pasa, Armani no salgas, mejor quedate en casa”. Las pulsaciones subieron con el 2 a 2.

En pocos minutos, Izquierdoz pasó a un centímetro la pierna de un atacante y vio la roja, Martínez Quarta le acercó el aliento a Wanchope y siguió el mismo camino. Cuando Ponzio y Pol Fernández se sacaron chispas en el medio, se paró el partido por un interrogante. Quedaban 7 de cada lado y las hinchadas deliraban. En el intercomunicador de Cerbattana surgió la consulta del mínimo de jugadores permitidos, porque con una baja más iba a tener que suspender la fiesta. El cuarto árbitro dudó y apuntó al delegado de la AFA quien dirigió la mirada a Pepe Gauss. Les respondió con un gesto para transmitir tranquilidad y que se despreocuparan del tema, aunque Félix decía lo contrario. La International Board había dado la bendición para que por tres meses se pudiera seguir jugando sin restricciones sobre el mínimo de futbolistas por equipo.

Gallardo y Russo lo tenían claro. Por eso inmediatamente usaron su segunda oportunidad de cambios, con un par cada uno. Solo les quedaba una alternativa de modificación para los 20 minutos que restaban. Las dos líneas de 3 ofrecían carriles libres que iban a hacer vibrar al país.

“Un partido espectacular, el superclásico más emocionante de la historia”, relataba emocionado Carmelo Lorenzo, que con su garganta golpeada gritó el zurdazo de Mauro Zárate que había arrancado por el medio y se fue corriendo a la izquierda ante los movimientos desconcertados de los escasos defensores. La disfonía se hizo más evidente cuando Enzo Pérez cruzó una pelota a la derecha y Fernández encontró todos los cuadritos vacíos para trasladarla. El toque atrás cuando salía Marcos Díaz lo dejó solo a Juan Fernando Quintero para poner el 3 a 3 con una caricia. Hubo unos instantes de incertidumbre porque había sonado la chicharra, pero tras unos segundos muy tensos se confirmó que el toque final del antioqueño se había producido antes del ruido.

Numerito disfrutaba mirando pero lo acechaban las tensiones. Se ponía a pensar cuántos cuadritos ocupaban los 14 jugadores presentes en el campo y si había manera de resolverlo con círculos de 2 metros de radio, rescatando aquella fórmula del viejo y querido Pi, el que se redondeaba como 3,1416, por radio al cuadrado, cuando vio que Abila se escapaba solo.

Wanchope se perdió el cuarto gol de Boca, en el envión tropezó con los carteles y Armani, en su esfuerzo, se golpeó con un poste al tiempo que sonaba la chicharra. Entonces los cambios dejaron de ser estratégicos. Germán Lux y el venezolano Hurtado completaron las 10 variantes.

El partidazo con más espacios seguía siendo conmovedor, con una exigencia cada vez mayor para las piernas. A Paulo Díaz le cobraron acercamiento y se sacó el barbijo para protestar. Cuando se dio cuenta, se fue caminando directamente a su automóvil, ya que cada expulsado se tenía que retirar inmediatamente hacia su casa. No era peligroso para él porque todos estaban mirando el partido, incluso el portero que se demoró en levantar la barrera hacia la calle.

El golazo de Zárate, trasladando la pelota por 32 cuadritos diferentes después de que sonara el timbre, generó un reclamo similar del inquieto atacante, que siguió el mismo camino de Díaz. Con idénticos dibujos 3-2, Enzo Pérez recorrió 30 metros, tocó en pared con Ignacio Fernández y puso el 4-3 entrando al área cuando lo cerraban Fabra y Lisandro López. El colombiano vio la segunda amarilla. Ya los goles apenas se celebraban porque faltaba el aire.

El carnaval del lado riverplatense se silenció cuando Lux agarró con la mano un pase de Pérez y hubo un tiro libre indirecto adelante del punto penal. En la barrera sobre la línea del arco solo cabían dos defensores, uno cerca de cada poste y el arquero en el medio. Tras un toque, Salvio fusiló para el 4-4 y el adelantamiento de Montiel significó que quedaran 5 jugadores por lado con 10 minutos por disputarse.

Un veterano boquense rescató un canto de hace medio siglo: “Chuchuchú, chuchuchú, el silencio es salú”, inspirado en una vieja campaña contra el ruido.

Los hinchas deliraban en toda la geografía. Era futsal en un campo ocho veces más grande, calculó Numerito. Y nada menos que en un River-Boca, inaugurando una nueva era, con cientos de millones de televidentes.

En el enorme espacio cuadriculado, con el marcador igualado en 4, se formaron por un lado Lux, Casco, Enzo Pérez, Nacho Fernández y Quintero; por el otro Marcos Díaz, Lisandro López, Capaldo, Salvio y Hurtado, con dibujos de 1-2-1 que se convertían en 3-1, 1-3 y hasta en lo que llamó Carmelo “cuatro líneas de uno”, corregido por Blanco como “cuatro puntos de uno”.

No había posibilidades de roce, Casco recorrió toda la franja izquierda, dobló hacia el centro y desde la medialuna exigió a Marcos Díaz. El guardameta sacó de inmediato para la larga galopada de Hurtado, que disparó apurado a la cuarta fila de la Sívori alta.

Quintero se instaló como 9 de área en el punto penal y nadie se le podía acercar, así que recibió solo el centro de Nacho para cabecear a la red en evidentísima posición adelantada. Se enojó y, para colmo, en su reclamo se acercó al cuadrado de Lisandro, por lo que River quedó con 4.

Otro pique de Hurtado terminó con un rebote en Lux que recogió Capaldo para el 5 a 4, curiosamente igual a la cantidad de jugadores que tenía cada uno, pero en la euforia el joven de La Pampa corrió a abrazar a sus compañeros y siguió la ruta de Juanfer. Los motores de sus vehículos se encendieron casi al unísono.

“Señoras y señores, por primera vez en Argentina, en la Conmebol y no digo que en la Fifa, porque en Oceanía hay resultados que parecen de rugby, el número de goles de un partido es mayor que el número de jugadores”, proclamó la voz más ronca del relator.

Se descontroló Boca por un momento y entre Enzo y Nacho tejieron la jugada del 5 a 5. El mendocino recorrió casi trotando el campo por el medio y abrió a la derecha para la definición del de Castelli. “Ignacio Martíííín Feeerrr-náááán-dez”, anunció Carmelo en un homenaje involuntario a un narrador de hace unos años.

Una nueva corrida de Hurtado encontró la pierna de Ignacio Martín, pero el venezolano siguió con la pelota, tropezándose, casi cayéndose y tocó el balón con el pecho generando un efecto raro que desconcertó a Lux y volvió a pasar al frente el último campeón argentino de antes de la pandemia. Boca 6 River 5. “Y ya lo ve, y ya lo ve, ya les ganamos el quinto set” sonó desde la Centenario.

Lisandro corrió a protestarle al juez por la falta de Nacho y ambos fueron expulsados. Quedaron Lux, Casco y Enzo frente a Marcos, Salvio y Hurtado.

Nadie defendía en Boca y la escapada de Milton Casco fue esta vez más penetrante culminada con un gran derechazo del lateral izquierdo poniendo el 6 a 6. “River Plei, River Plei, vamos al tai brei” fue la respuesta de la Sívori al desafío tenístico del otro lado.

“Señoras y señores, por primera vez en Argentina, en la Conmebol y sí digo que en toda la Fifa, hasta en Oceanía, el número de goles de un partido es el doble que el número de jugadores”, se emocionaba Lorenzo.

Ya se habían cumplido los 90 y el cartel indicó solo un minuto más, pese a que había que compensar al menos 17, además de las demoras del mismo juez por seguir las recomendaciones de lavarse las manos cada vez que mostraba una tarjeta. Salvio tocó para Hurtado que corrió con el último aire que le quedaba, lejos de la marca de Casco y ante la salida tan desesperada como cautelosa de Lux. El moreno de la Vinotinto cayó exhausto entrando al área, otra vez desconcertó al arquero y la pelota fue picando lentamente hacia la línea de meta con todos los ojos del mundo siguiendo su caprichoso itinerario. A muy poca velocidad se acercaba al gol a un metro de la línea, mientras los hinchas de River soplaban a través de sus barbijos para impedirlo. Milagrosamente se detuvo antes de entrar, entonces el delantero, que se había incorporado, corrió para empujarla y sonó la chicharra.

“Gracias Dios por el fútbol, por estas lágrimas, por este River Plate seis Boca Juniors seis”, relató Carmelo como si estuviera improvisando algo de su creación. Era para abrazarse pero no se podía. Pese al barbijo, fue muy notoria la sonrisa de gran satisfacción de Gauss. Los tríos sobrevivientes fueron a saludar a sus hinchas saltando y entonando sus mismos cantos, aunque se juntaron demasiado. Camino a los vestuarios, Cerbattana expulsó a los seis.

 

@ Edgardo Broner, 2020
Todos los derechos reservados.
Diseño: Jorge Curci
Ilustración: Fabián Mauri.

* Edgardo Broner es autor de los libros Fútbol Pensado, La Copa del Mundo Nuevo y Gol de Venezuela, coautor de cuatro Guías de los Mundiales, editor de contenidos de Historia de la Copa América y Copa Libertadores 1960-2010. Es Magister en Ciencias de la Computación, periodista y educador. Nació en Buenos Aires y residió durante 30 años en Caracas. Cubrió todos los Mundiales de Fútbol desde Italia 90 y creó las Olimpíadas de Fútbol y Matemática.

Contacto: futbolpensado@gmail.com

Twitter: @ebroner

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