EL CAFÉ Y BAR EL QUERANDI ¿UN CASO DE RESCATE PATRIMONIAL REPLICABLE?

Por los arquitectos ex-alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires
Juan Manuel Borthagaray
Osvaldo Manuel Helman
Gustavo Brandariz

2012

El café y Bar “EL QUERANDI” ha tenido una larga vida como tal, en la esquina de las calles Perú y Moreno, desde su fundación en el año 1920 por los hermanos Suárez.

Recuerda Borthagaray que, cuando egresó del sexto año del Colegio Nacional de Buenos Aires, en el 263 de la calle Bolívar en el año 1945, para dar una vuelta a la manzana hasta el primer año de Arquitectura de la UBA en el 294 de la calle Perú, el contingente de 105 jóvenes ingresantes fueron una cantidad que produjo asombro.

Ya “El QUERANDI” estaba en su esplendor, que no hizo sino aumentar ante primeros años de 200 y 300 alumnos, cuando el café alcanzó su apogeo. Durante esos años formó, con la facultad que estaba en la vereda del otro lado de la calle Moreno, una unidad tan íntima como la que constituyó el café y restaurant “Des ARTS” con la venerable École Nationale des Beaux Arts, en la vereda de enfrente de la Rue Bonaparte de París. Con la diferencia de que, mientras El Querandí acogió al más tarde gran maestro “Bucho” Baliero dibujando en una servilletita, en el Des Arts pudo verse a multitud de pichones de colegas dibujando en los manteles de papel blanco del uso de la época, en las tantas mesas de su subsuelo, planta baja, primero y segundo pisos. También frecuentaron el QUERANDI algunos estudiantes de Ingeniería y de Exactas cuyas facultades compartieron la “Manzana de las Luces” pero siempre fueron rarae avis frente al masivo predominio de los arquitectos.

De esta época de oro de EL QUERANDI data el cartel que promociona “ANANA FIZZ el cóctel de moda” moda no pasajera si la hubo, pues el cartel aún cuelga allí, destellando su neón fucsia, 66 años más tarde. Pero tanto el “cóctel de moda” como el sándwich de pavita eran lujos excepcionales reservados para festejo de examen, lejanos a bolsillos más afines a cortaditos o traviatas.

Algunos, más grandes y bohemios, lucieron sus habilidades en las mesas de billar y pool, en mangas de camisa, pues se usaba sacarse el saco pero no el sombrero para empuñar el taco.

Esta era de esplendor perdió la mayor parte de su brillo cuando la Facultad de Arquitectura emprendió el éxodo de los viejos locales de Perú, parcial al principio, hasta que no quedase en la vieja sede ninguno de sus locales.

Pero el café no murió porque había comenzado a ser frecuentado, cada vez con mayor intensidad, por estudiantes del Buenos Aires.

La Asociación de ex Alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, fundada en 1934 resultó una institución que se consolido en el tiempo, que conservó el amor por el sitio porque desde su inicio funcionó en el edificio de la esquina de Perú y Moreno.

Se dio el caso de que uno de sus integrantes, el Dr. Guillermo Jorge del Cioppo, fuese nombrado Intendente Municipal de la Ciudad de Buenos Aires en el año 1982.

Para entonces, el edificio había caído en un lamentable estado de abandono, y corría el riesgo de convertirse en un caso más de nostalgias plañideras. Un considerable monto de impuestos atrasados conformaba una deuda de dudosa cobrabilidad para el fisco, a la vez que un carga tal para los propietarios que su paso al dominio municipal pudo acordarse en términos de mutua conveniencia, por acuerdo perfeccionado en 1983.

La demorada y urgente restauración y mantenimiento edilicio consiguiente estaban fuera del alcance municipal, que ya había hecho bastante para salvar la segura ruina. A estos efectos, el Municipio cedió el usufructo, que no la propiedad del predio a la Asociación de Ex–Alumnos del CNBA, por 20 años, con cargo de su restauración y mantenimiento.

Como la Asociación carecía de los medios para encarar estas tareas, se dio otra feliz coincidencia: El QUERANDI S.A. estaba interesada en continuar la explotación del café y bar, lo que hizo posible otro convenio que comprendió cumplir con estas obligaciones, a la vez que permitió a la Asociación reservarse algunos locales en los altos, con entrada por una puerta sobre la calle Moreno que lleva el número 590.

La explotación del café y bar ha prosperado, favorecida por su entrada en el circuito de la movida turística nocturna de San Telmo, allí se brindan cenas y espectáculos de tango, que conviven con la imperturbada oferta del ANANA FIZZ; el cóctel de moda.

En lo edilicio, se han rehabilitado con acierto un pintoresco patio, y un microteatro en la “Cava del Querandí”.

Próximos a cumplirse los 20 años del convenio originario, se espera concluir con éxito una extensión por un período similar.

Este texto es una contribución de los autores a la iniciativa SALVEMOS BUENOS AIRES de la Fundación Ciudad y la Organización Basta de Demoler, en coincidencia con los propósitos que guiaron la publicación de las ponencias de su “Encuentro de Gestión de Patrimonio Arquitectónico y Urbano.

En cuanto al interrogante que da subtítulo a estas líneas, queremos dar difusión a la experiencia QUERANDI en la esperanza de que esta experiencia de final feliz sea replicable, aunque no se nos escapa la excepcional cantidad de circunstancias favorables que estuvieron alineadas, a saber:

El poder político de un intendente municipal especialmente motivado, aún más allá del interés general de la conservación del patrimonio cultural y edilicio de la ciudad.

Una institución estructurada, de tan fuerte arraigo y espíritu de cuerpo como la Asociación de ex–alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, interesada en la operación.

Y muy importante, la continuidad de una sociedad comercial interesada en no sólo continuar sino reinventar una explotación lucrativa, porque la razón de ser económica de los edificios es una de las más fuertes razones que les da continuidad de vida o los condena a la desaparición.

Es posible que la repetición de circunstancias tan favorables sea demasiado infrecuente como para considerar que esta experiencia pueda convertirse en un modelo fácilmente replicable, sin embargo, ofrecemos el relato en la esperanza de que, aunque no estén presentes de manera obvia, circunstancias de este tipo puedan ser creadas, mediante una doble imposición fiscal de castigos, por una parte, por el daño al patrimonio urbano común que el descuido de un bien valioso inflige a la sociedad en su conjunto, a la vez que, con la otra mano se ofrezcan ventajas fiscales que estimulen a encontrar soluciones de conservación de interés general.

Esto puede movilizar situaciones perniciosas, de predios que se deterioran por situaciones conflictivas de herencias, pleitos comerciales o sociedades extinguidas, donde las partes no logran ponerse de acuerdo para sanear la propiedad del bien, ni para mantener las edificaciones, que entran en un deterioro contagioso de su entorno.

En casos así, es frecuente que deudas impositivas se vayan acumulando, y que los propietarios carezcan de incentivos para encontrar nuevos destinos. Entonces podría darse una intervención del sector público que salve, como en el caso de EL QUERANDI; a la vez que el conflicto de propiedad, el de la supervivencia del bien patrimonial.

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