Homenaje a Guillermo Ladrón de Guevara

Guillermo A. Ladrón de Guevara.

Falleció el 12 de julio 2021

El destino dispone que me dirija a los ex alumnos para hablar de Guillermo. Lo hago con mucha tristeza.

Egresado, turno tarde, de la promoción de bachilleres de 1963 (Centenarii classis atque virorum ultima). Se desempeñó como auxiliar en El Colegio hasta 1970.

Abogado. Especialista en temas legales y jurídicos afines a la industria de la carne, ejerció la profesión en forma independiente desde 1990 hasta junio de este año.

Fue profesor de Introducción al Derecho en la Universidad del Salvador y en la UMSA.

Integró, como vocal, la Comisión Directiva de los años 2000/2003 y 2003/2005. Colaborador permanente de nuestro órgano de difusión escrita La Campanita. Dirigió el programa radial en FM Palermo La Campana (2002/2005). Partícipe clave en la formalización de la anexión del inmueble contiguo a la anterior sede de la Asociación y en el contralor de la construcción del edificio anexo, inaugurado en 2004.

Se casó con Marta y tuvieron cinco hijos, formando una gran familia.

Estudiamos juntos la carrera en la UBA, recibiéndonos con sólo dos días de diferencia. Imposible olvidar aquellos días previos a cada examen. Si era un domingo, y futbolero, dejábamos los libros e íbamos directo a ver a su querido rojo de Avellaneda.

Cuando cumplimos el vigésimo aniversario de nuestro egreso, un miembro de la CD nos invitó a participar de la vida de la Asociación.

Su lucidez, inteligencia y mesura constituyeron un aporte invalorable al desempeño de las comisiones que integró.

Fue uno de los inspiradores, en 1994, de los ininterrumpidos y célebres asados colectivos de los “segundos jueves” de la promoción en la Asociación.

Para quienes lo frecuentamos, constituye un modelo de conducta que lo trasciende. Recuerdo que uno de los principios del derecho romano que aprendimos en aquellos lejanos años de Facultad nos señalaba que se debía vivir honestamente (honestum vivere). Moral e intelectualmente, así vivió.

Impresionaba, inicialmente, su carácter reservado, parco e introvertido. Aquellos que lo frecuentamos supimos de su nobleza de espíritu, amable bonhomía, cordial sonrisa, profunda delicadeza y franca afectuosidad. Con los años, aprendí a interpretar sus miradas y silencios. Creo que, cuando se logra captar semejante sensación, es indudable que el otro ya es el amigo, único e irrepetible. El inolvidable. El del alma. Al que ya empiezo a extrañar.

Nunca como en estos días, tan actual, real y valioso me resulta el lema que nos guía en la Asociación.

Adiós hermano en el aula y en la vida.
Hasta siempre, Guille.

Roberto G. Fernandez Villanueva

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