¿A dónde se van los alguaciles cuando no llueve?

Ela Jana Alazraqui. 5° año 12° división

 

Quiero aclararle, primero que nada y para no generar malos entendidos, que soy un hombre serio. Trabajo para una compañía de electrodomésticos. Todos los días me levanto a las ocho cero cinco de la mañana, tomo una ducha de exactamente cinco minutos, me visto: ropa interior limpia, una camisa blanca, un pantalón de vestir negro que mi mujer me planchó la noche anterior. Cinturón y zapatos lustrados los días miércoles en Florida en los veinticinco minutos libres del almuerzo. Bajo y desayuno una fruta, una tostada, un café, tal cual como me lo recetó el doctor. Saludo a mis hijos uno a uno, un beso a mi mujer y salgo para el trabajo. Ya verás que como te comenté,  soy una persona  responsable. Nunca una llegada tarde, una impertinencia.  Nos vamos todos los años de vacaciones a Villa Gesel en mi auto azul, comemos asado los domingos, ñoquis el 29, locro el 25, pan dulce en navidad.

Ahora que ya sabe usted qué tipo de persona soy, y no va a pensar mal de mí. No es que quiera mandarme la parte, para nada: desde chico mi santa madre me enseñó a ser humilde. Lo que yo no quiero es que usted que es tan respetable, vaya a considerar que le estoy faltando el respeto con lo que voy a decirle.

Habiendo dicho esto, y esperando no robarle demasiado de su tiempo, le voy a hacer una pregunta que es la siguiente: ¿A dónde se van los alguaciles cuando no llueve? Es rara, es irrelevante, es hasta tonta, lo sé. Sepa, que si se lo pregunto es solo porque yo que apenas terminé segundo de la secundaria, no sé contestarla y no me deja dormir. Mi señora ya está preocupada porque a la noche, estoy horas y horas pensando. Y no soy de los que se quedan quietos mirando el techo, doy vueltas de acá para allá. O peor, me agarran pesadillas. Mire, no se asuste que si le cuento esto es porque sé que usted es respetable, que es de fiar, pero me levanto gritando a veces.

Es que yo le pregunto porque lo considero un referente, no lo vaya a considerar una falta de respeto, le pido no malinterpretar mis palabras y creer que yo me paso los días preguntándome cosas tontas. Ni mucho menos vaya a pensar que le hablo haciéndole perder el tiempo con cosas que no importan a nadie excepto a mí. No, no, claro que no. Tengo bien en claro principios y prioridades. Yo pienso en mi familia y mi trabajo, y limpio el auto a la mañana. Soy alguien centrado, pregúntele a cualquiera. Pero a veces, bueno, a uno se le escapan esas cosas. Usted me dirá. O tal vez, me esté volviendo loco. Un lapsus del… ¿Inconsciente? ¿Puede ser? Creo que se llamaba así, según el psicólogo. La verdad, si le soy sincero no sé qué significa, no entendí muy bien, pero parecía tener sentido cuando él lo dijo. Bueno, sentido para él: no sé qué de que amo a mi madre y que  mi padre que lo mato, todo eso cuando me da hipo. Mire, sinceramente no es que yo critique a la psicología, debe ser una ciencia muy verídica pero que te da hipo mientras amas a tu madre y odias a tu padre, yo, por lo menos, nunca lo escuché. Tampoco sé porque la compañía me mandó al psicólogo, en primer lugar. Yo sé que era un test de esos que se les hacen a todos, pero en mi deberían confiar después de tantos años. El jefe, por más que no nos hable nunca, sabe quién soy. No tengo ni una marca en mi historial. O quizás ni sepa mi nombre, quizás sea solo otra cara familiar. De esas que uno incorpora sin darse cuenta pero que no sabemos ni ubicar de donde son.

Esta obsesión mía con estos animalitos viene de chico, no es que se me ocurrió recién. No se crea. Yo sé que  es una idea de gente inmadura. Pero no puedo apartarla de mi mente. Cuando a mí se me mete algo en la cabeza, no puedo sacarlo. Seré cabeza dura. Me dio siempre miedo preguntarlo porque mi maestra de segundo grado me dijo que no dijera impertinencias, que la próxima me tiraba de las orejas, que iban a llamar a mi mamá. Y tenía razón la señorita Liliana. Mire que cabecita la mía que en vez de aprender la lección de matemáticas me ponía a pensar en eso.

Es que, no me explico, simplemente es eso. ¿Los vio usted alguna vez? ¿Los vio a los alguaciles? Seguramente. Y bueno, ¿Vio que no pican? Lo habrá notado, ¿Qué digo? Un tipo como usted. No hacen nada, ni bien ni mal. Son sólo la caballería de la lluvia. No quieren avisarnos nada, no buscan ni nuestra aprobación ni nuestro rechazo. Les somos completamente indiferentes. Que más les da si nos molestan o si los adoramos, si los odiamos o los amamos. Y esto no sucede con todos los insectos, ejemplo claro son las moscas. Pero los alguaciles no. Vienen cuando la lluvia los llama. A ella si que le hacen caso. No me va a decir que no es algo muy raro. Están como hipnotizados en danzas divinas. ¿Sabe a qué me hace acordar? A esas rondas que hacían en Roma, lo leí una vez de una revista en la sala de espera del dentista. Eran las fiestas de Banco… Baco… algo así con B. Creo.  Un dios de no sé qué. La cosa es que se disfrazaban bailando en círculos y llamaban al Dios. Estos bichos, hacen lo mismo.  En transe religioso son poseídos por la lluvia. Pero no es esto lo que me llama la atención de los alguaciles. No vaya a pensar que me impresiono fácil y con cosas menores. Soy un hombre bastante escéptico inclusive. Bueno, usted ya me conoce bien: si hay algo de lo que no puede acusárseme es de fanatismo o de sensibilidad excesiva. Pero me va a decir que no es un misterio que hace esta caballería de la lluvia cuando, bueno, cuando no llueve, cuando no hay a quien seguir. Viven para un solo momento de sus vidas. Es desgarradora la cotidianidad melancólica de un alguacil ¿qué hacen el resto de sus vidas si tienen todo prefijado? Además, piense que su razón de ser ellos lo siguen al pie de la letra y lo hacen todos. Pero les viene con el nacimiento. Son esclavos en cierto sentido de su condición de alguacil porque nadie les pregunto si querían vivir para y por la lluvia. Capaz que querían otra cosa, por ahí querían ir volando hasta el cielo y ver lo que había, que se yo, le digo lo que se me ocurre. Porque, mire si no es cruelmente irónico el destino, ni siquiera tiene idea de que es la lluvia el pobre insecto. La respiran, es su filosofía de vida, rige su lógica, está en su naturaleza pero no tienen idea ni de qué es. Quizás sean ideas mías pero se preguntaran qué es la lluvia como nosotros dos nos preguntamos que es la vida de vez en cuando. Y nos agarra ese no sé qué. Nos cuestionamos si queremos todo esto, porqué hacemos lo que hacen todos y si cumplimos nuestros sueños. Vos vas a pensar que me pongo filosófico o peor, melancólico, que me voy por las ramas pero no, no te confundas. Es que lo que te quiero decir es que los alguaciles son como nosotros. Y perdoná que te tutee y el atrevimiento de la pregunta pero ya que entramos en confianza: Vos, no el de al lado no el de enfrente, vos, vas al trabajo, tenés una mujer, dos hijos, una casa, un auto ¿Por qué? ¿Por qué si?  Y si me contestas eso, es porque sos más alguacil que yo todavía.

Es interesante como cambia uno de opinión con el tiempo ¿No? Me acuerdo, que de pibe yo decía que los alguaciles eran mi animal favorito. Los veía libres. Volaban y seguían lo que más amaban, la lluvia. Después desaparecían. No les importaba nada que no sea aquello, vivían de su sueño. Pensaba yo que me estaba perdiendo de algo, que me faltaba una parte de la historia que me encantaba escuchar una y otra vez antes de dormir (o antes de que llueva). Un milagro del que yo solo veía los efectos, los fuegos artificiales, la punta del ovillo de lana que la nona, que en paz descanse, me hacía enrollar.

Yo quería ser un alguacil ¿Podes creer? Me vas a preguntar por qué. Y… vaya uno a saber. Eso con lo que salen los nenes y uno no sabe de dónde lo sacan. Sería para mostrarle a la lluvia cuanto la quería y para descubrir el misterio. Ya mi vieja me decía que yo de chico me la pasaba jugando en la lluvia, que ella me gritaba te vas a enfermar y que al hospital yo no te llevo que tengo que cuidar a Juanita.

Pero con el paso del tiempo te das cuenta de las cosas. No hay misterio, sólo hipnotismo. Son simples esclavos de la lluvia, sus servidores. No lo entienden, sólo saben que eso hicieron antes y que eso harán después. Son uno sólo más de la enorme nube negra que puebla el cielo en los días grises. Un montón de individualidades juntas. Como nosotros. ¿O me va a decir que no le da esa impresión cuando camina por San Telmo en hora pico? Todos en el mismo lugar quien sabrá porqué.

Pero igual, yo ya sé todo eso. No se me va a salir el lagrimón ahora. Que para llorar está la lluvia. Como te dije soy un tipo serio, maduro, educado. Lo pensé varias veces. No te pido que me expliques nada porque yo sé que no tenes la respuestas, es más, posiblemente ni te importe. Y no me molesta, si lo pienso bien no tiene ningún sentido lo que te estoy diciendo. Tenés vos razón. No es eso.

Pero, como que no me convence, tengo dudas, no me cierra ¿Y qué queres? Soy así, me complico, me lo dicen todos. Pero es que me siento tan solo a veces.

¿Y sabes qué más? Hablando de soledad me acabo de dar cuenta de que tampoco sé otra cosa, mirá vos.

No sé quién sos, ni a quien le hablo yo entonces, ni por qué no me importa en lo absoluto.

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