Bicentenario de Bartolomé Mitre 1821 - 2021

 

"Educar al pueblo es condición de vida, de orden y de progreso, porque si la inteligencia no imprime su sello en la cabeza del pueblo, el pueblo será ignorante, y en posesión de la soberanía hará los gobiernos a imagen y semejanza suya, y el nivel político bajará tanto cuanto baje el nivel intelectual".

Bartolomé Mitre

 

El 14 de marzo de 1863, por medio del decreto Nº 5447, el Presidente de la República Argentina Bartolomé Mitre fundó el Colegio Nacional de Buenos Aires.

 

Mitre, por entonces de 42 años de edad, tenía ancestros griegos e italianos y su padre había integrado la Logia Lautaro, con San Martín. Había nacido en Buenos Aires el 26 de junio de 1821 y se cumple ahora su bicentenario. Era diez años más joven que Sarmiento y menos de dos meses después de su nacimiento, Bernardino Rivadavia fundó e inauguró la Universidad de Buenos Aires. Amadeo Jacques era ocho años mayor. En 1901, al cumplir sus 80 años fue motivo de un gran homenaje popular, y pronunció un discurso memorable. Estadista, político, escritor, poeta, novelista, historiador, arqueólogo, traductor, bibliófilo, numismático, editor, periodista, militar, tipógrafo, propulsor de la Unión Nacional, del progreso y la educación pública, Mitre vivió 85 años y llegó a ser filmado.

De la casa de Suipacha y Lavalle, la familia partió hacia Carmen de Patagones, en donde transcurrió la primera infancia de Mitre y aprendió sus primeras nociones patrióticas. Empleado luego en una estancia, en vez de hacerse hombre de campo se hizo lector. Hecho soldado, empezó a escribir, integró la Asociación de Mayo fundada por Echeverría y formó su familia. En el exilio uruguayo siguió algunos cursos mientras leía a Lord Byron y a Victor Hugo. Entre 1846 y 1851 viajó por América: de Uruguay a Brasil, Chile, Bolivia, Perú. En 1851, cuando cumple sus 30 años, se halla de nuevo en Buenos Aires: Como Sarmiento, ha entrado junto a Urquiza y tantos más para iniciar la definitiva Organización Nacional. Su primer empleo fue de Profesor. Y pocos días después, se inició como periodista, fundando Los Debates.

 

Mitre fue uno de los más jóvenes miembros de la Generación romántica, liberal y progresista del '37, y con sus hermanos de ideas y de ilusiones polemizó y acordó para contribuir entre todos a trazar el rumbo de la nueva república representativa y federal. En dos momentos, en Cepeda y en Pavón, el enfrentamiento de ideas se tornó lucha armada. Urquiza y Mitre representando a las Provincias y a Buenos Aires, abrieron paso, sin embargo, a la Constitución, a la Unión y a un largo camino de paz, de libertad y de progreso. Un noble acuerdo sellado en la memorable noche del 18 de julio de 1860, cuando se reunieron en Buenos Aires, Urquiza, Mitre, Sarmiento, Derqui, Gelly y Obes y muchos más, para inaugurar una escuela y garantizar el futuro del país. Ha escrito José Luis Romero: "Cuatro grandes problemas preocuparon a los estadistas argentinos de entonces: el fomento de la inmigración, el progreso económico, la ordenación legal del Estado y el desarrollo de la educación pública". La acción de Mitre en esos cuatro campos fue decisiva.

 

Cuando Mitre, Gobernador de Buenos Aires, se hizo cargo de la Presidencia de la República, no fue para restablecer la prepotencia porteña sino para integrar a su propia provincia bajo el imperio de la Constitución Nacional. Mitre fue el primer presidente argentino que gobernó a toda la República, y fue él, durante su gobierno, quien nombró ministro a un eminente médico higienista -el Dr. Guillermo Rawson-, quien nombró a Juan María Gutiérrez como Rector de la Universidad de Buenos Aires, quien logró instalar, en cumplimiento de la Constitución, la primera Suprema Corte de Justicia Nacional y crear múltiples instituciones que siguen siendo las de la Argentina actual.

 

Una de ellas es el Colegio Nacional de Buenos Aires. Un busto de Mitre ha sido ubicado en la fachada del Colegio, otro en la Sala de Profesores, uno de los claustros principales lleva el nombre del fundador. Como he escrito Horacio J. Sanguinetti: "Al asumir Mitre la presidencia de la Nación unificada, en 1862, sólo dos colegios dependían del poder central: el Montserrat, nacionalizado junto con la Universidad de Córdoba en 1854, y el de Concepción del Uruguay, de data reciente (1849). No existía un plan pedagógico concreto, ni unidad de criterio y esfuerzos. Corregir esa deficiencia en forma orgánica fue objetivo de Mitre, que aspiraba a ordenar la educación, con sentido total, nacional". Sirviendo a este propósito, dictó decreto fundacional, refrendado por el Ministro Eduardo Costa. En él disponían el establecimiento de "una casa de educación científica y preparatoria, en que se cursarán las Letras y Humanidades, las Ciencias Morales y las Ciencias Físicas y Exactas". También en el mismo decreto nombraban como primer "Director de los Estudios a D. Amadeo Jacques, quien propondrá oportunamente los profesores que han de servir las cátedras; debiendo el Rector tener a su cargo la dirección económica del establecimiento y el cuidado de su disciplina interna, con independencia de la dirección profesional que estará exclusivamente al cargo del Director de estudios".

No fundaban un colegio más, no creaban ni un asilo parta la contención emocional, ni una modesta escuela de artes y oficios para micro artesanías al modo antiguo, ni un instituto dogmático y mesiánico, sino una gran institución libre para formar pensadores y dirigentes para construir una nación e integrarla al mundo de la ciencia y la cultura en su más alta expresión. Justamente, como ha escrito María Sáenz Quesada, Mitre "sostenía que “el estado debe la educación al pueblo” y que ésta debe ser de carácter nacional y basarse en la libertad de pensamiento. Asimismo, tenía en cuenta muy especialmente la urgencia de formar a la dirigencia del país moderno". Justamente, Liberté de penser era el nombre de la revista mensual francesa fundada en 1847 por Amadeo Jacques, Jules Simon y Émile Saisset, desaparecida en 1851. El Buenos Aires, fundado por Mitre, sería el Colegio de la Liberté de penser en la Argentina. El Colegio de los estudiantes, no el colegio de los padres.

 

Joaquín V. González, José Ingenieros, Juan Mantovani, Gregorio y Félix Weinberg, José Luis Romero, Tulio Halperin Donghi, Miguel Ángel De Marco, Paula Bruno y muchos más, han ahondado en el pensamiento teórico y pedagógico de Mitre. Entre los influjos que recibió desde su juventud, además de Byron y Hugo, se cuentan los de Schiller y Lamartine, el de Franklin, el de los iluministas franceses e ingleses, y el de Mazzini; pero no fue menor el sansimoniano, que contribuyó a dar un sesgo moderno, progresista y laicista a su profundo liberalismo filosófico. Mitre fue un ferviente propulsor de la educación popular y especialmente un esperanzado en la juventud. A los 17 años de edad ya escribía en El Iniciador: "¡Juventud Americana! despertad de ese letargo... ¡El porvenir es nuestro!"

 

En su discurso en el Senado de la Nación, el 16 de julio de 1870, decía Mitre: "Es un principio de buen gobierno que la sociedad debe a los miembros que la componen aquellos servicios indispensables que no pueden obtenerse por la iniciativa individual, o por lo menos, que siendo de utilidad general, pueden ser mejor atendidos por ella con beneficio para la comunidad. Entre esos servicios la educación ocupa el primer lugar, no sólo porque es indispensable para la existencia y el progreso de la misma sociedad, sino porque la acción particular no puede suplir la acción del Estado a fin de propagarla sistemáticamente con perseverancia y con eficacia al través de los tiempos.

 

Y esta activa intervención del Estado es no sólo necesaria e indispensable para difundir el caudal de los conocimientos que complementan la vida social, sino que es conveniente y por lo tanto legítima, porque como se ha dicho, en este caso la intervención de la autoridad en vez de circunscribir la actividad humana, la dilata; en vez de oprimir emancipa al hombre, y lo hace más apto para la vida social y para la producción de la riqueza, mejorando su condición física y moralmente. Y esta conveniencia de la sociedad, es una necesidad política en una democracia, porque la educación del pueblo es lo que hace que la libertad sea fecunda, que la justicia sea buena, que el gobierno sea poderoso en el sentido del bien y que las conquistas del derecho se hagan ciencia y conciencia pública".

 

Para Mitre, sin embargo, no cualquier gasto público era legítimo. En aquel mismo discurso rechazaba el desperdicio: la "desigualdad en la distribución de los dones públicos, esta preferencia en favor del que menos la necesita, en menoscabo del que nada recibió, es injusta, es inmoral, es imprevisora" y criticaba a cierta "juventud estudiosa, que también olvidó a sus hermanos desheredados a quienes todavía no han tocado ni las migas del festín que ella ha gozado".

 

Si a Sarmiento cabe, sin dudas, el gran mérito del formidable impulso que dio a la instrucción primaria como fuerza democratizadora, liberadora y propiciadora del progreso material y moral del país y su gente, y a Juan María Gutiérrez puede reconocérsele el mayor esfuerzo histórico para elevar a la Universidad Pública argentina al nivel de las mayores universidades del mundo, corresponde ubicar a Mitre como el más destacado organizador de la educación secundaria en el país, convirtiendo la cuestión en un asunto de incumbencia nacional:

"Es por eso que al lado de las escuelas primarias tenemos los colegios nacionales, que dan la educación secundaría, que habilitan al hombre para la vida social desenvolviendo en más alta escala sus facultades, elevando así el nivel intelectual, de modo que el saber condensado en determinado número de individuos obre en la masa de la ignorancia, difunda en ella una luz más viva y sostenga con armas mejor templadas las posiciones desde las cuales se gobierna a los pueblos enseñándoles a leer y escribir, moralizándolos, dignificándolos hasta igualar la condición de todos, que es nuestro objetivo y nuestro ideal.

 

Si dada nuestra desproporción alarmante entre el saber y la ignorancia, no echásemos anualmente a la circulación en cada provincia una cantidad de hombres completamente educados para la vida pública, el nivel intelectual descendería rápidamente, y no tendríamos ciudadanos aptos para gobernar, legislar, juzgar, ni enseñar, y hasta la aspiración hacia lo mejor se perdería, porque desaparecerían de las cabezas de las columnas populares esos directores inteligentes, que con mayor caudal de luces las guían en su camino y procuran mejorar su suerte animados por la pasión consciente del bien".

 

Las palabras y los escritos de Mitre revelan contundentemente su pensamiento pedagógico y social: no era un político de aquellos que buscan el estrellato con vaguedades y perogrulladas. Por otra parte, la designación de Amadeo Jacques era, en sí misma, toda una definición de un rumbo en la cultura. Descendiente de una familia culta, nieto del pintor Gerard, Amadeo Jacques nació en París en 1813. Se formó en la École Normale Supérieure, se doctoró en letras y tuvo importancia como profesor, tratadista y pensador; en 1848 adhirió a la revolución republicana y debió exiliarse cuando creció el poderío de Napoleón III. Provisto de una carta de recomendación de Alexander von Humboldt, se radicó en la Argentina en donde fue una figura decisiva en el progreso educativo durante el período de la Organización Nacional. Jacques falleció en octubre de 1865. Juan Mantovani ha estudiado metódicamente las ideas educativas de Jacques y recientemente Patrice Vermeren ha echado luz sobre su trascendencia dentro de la filosofía. Jacques no era un pensador menor, como tampoco lo fue Alejo Peyret, que tanto influyó en la pedagogía del Colegio de Concepción del Uruguay, fundado por Urquiza. Aquellos hombres fueron, en una Argentina en formación, de una importancia aun poco valorada para la magnitud de su influjo.

 

Mitre, el fundador,  fue más poeta que militar, más periodista que político, fue un historiador erudito al modo de Michelet, y en él convivieron el bibliófilo y el prócer civil. Por décadas fue el ciudadano más influyente de Buenos Aires y Roca lo consideraba "el poder más fuerte existente en la República". Sobrio, profundamente intelectual, de gran ascendiente moral, fue en muy gran medida obra suya la unión nacional argentina. Publicó sus Rimas en 1854. Mitre mantuvo correspondencia con Abraham Lincoln, Giuseppe Garibaldi, Emilio Castelar y otros destacados contemporáneos.

En 1870 fundó el diario La Nación, que quiso que fuera una tribuna de doctrina -no un pasquín banderizo- y sostuviera una ética periodística irreprochable en el respeto por la verdad y la abstinencia del juicio interesado (episteme y no doxa), y que por más de un siglo mantuvo su papel destacado en la cultura argentina En 1893 fundó la Junta de Historia y Numismática Americana, origen de la actual Academia Nacional de la Historia. Su obra civil y cultural tuvo relieve internacional, incluyendo su traducción de la Divina Comedia de Dante Alighieri, publicada en 1889.

 

Sus investigaciones históricas no sólo constituyen fuentes primarias sino también modelos historiográficos basados en documentos fehacientes y no en opiniones arbitrarias o tendenciosas, aunque sus métodos, como suele suceder en los campos científicos, ya no sean totalmente actuales. Como siguiendo la recomendación de Echeverría a la Joven Argentina, en 1859 Mitre publicó su Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina y en 1887 su Historia de San Martín y de la Emancipación Sud-Americana. También, entre muchos trabajos, reunió material científico de base para el Catálogo de las Lenguas Americanas, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Ha escrito Sofía De Mauro que "En 1909 el Museo Mitre publica una de sus primeras producciones, el Catálogo razonado de lenguas americanas. Esta obra contiene la labor que fue realizando Bartolomé Mitre (1821-1907) en sus últimas décadas de vida: la edición de más de seiscientas fichas manuscritas sobre las lenguas indígenas del continente. Estas papeletas habían sido trabajadas durante años, pero no llega a concluirlas ni a publicarlas en vida".

Era un hombre dedicado a su familia, al estudio, al país y a la cultura universal, un trabajador incansable, sin soberbia y sin horarios, un espíritu benigno, sensible, refinado y conciliador. En 1894 Mitre fue electo Gran Maestre de la Masonería Argentina, y presidió o integró numerosas instituciones cívicas, sociales y científicas, de la Argentina y de otros países. De la intensidad y meticulosidad de su labor de estudio, dan cuenta no sólo la biblioteca y el archivo que reunió, sino también múltiples documentos menores pero elocuentes, como las esquelas conservadas en el Archivo de la Sociedad Científica Argentina, solicitando el préstamo o la consulta de tal o cual publicación o informe. Aunque su cultura era vasta, buscó el auxilio para las traducciones del alemán de la admirable maestra, escritora y periodista Ada María Elflein (Egresada del Colegio Nacional de Buenos Aires en 1898), que fue su colaboradora.

 

Mitre fue un fogoso opositor al gobierno derrocado en 1852, condujo las fuerzas porteñas en las batallas de Cepeda y Pavón, fue comandante en la dolorosa guerra de la Triple Alianza, participó en la derrotada revolución de 1874 y no quiso participar en la revolución de 1890 pese a que simpatizaba manifiestamente y con fundamentos con la oposición, porque prefería la paz en vez del conflicto armado. Emprendió viaje a Europa, conoció una parte del mundo del cual sabía mucho por sus lecturas, y regresó renovado y reanimado para vivir la última década y media de su vida rodeado de un extendido respeto social y de una gran admiración popular. Cuando en 1901 cumplió sus ochenta años, fue motivo de un inusual homenaje de la ciudadanía y pronunció un discurso memorable, un balance de la República durante el  tiempo vivido y un mensaje esperanzador hacia el futuro.

 

Bartolomé Mitre falleció en su casa de Buenos Aires el 19 de enero de 1906. Una multitud se acercó entonces hasta la calle San Martín 336. La casa de 1785, sencilla y hospitalaria, había sido alquilada por Mitre, un hombre notablemente austero, hasta que en 1869, cuando ya no era presidente, fue adquirida por un grupo de admiradores y costeada por suscripción popular, y donada a Mitre para limitar su pobreza. Mitre y su familia la habitaron entre 1860 y 1906, y fue ampliada en 1890 cuando, ausente Mitre en Europa, sus hijos construyeron en la terraza un gran salón para alojar mejor su biblioteca, la actual Biblioteca Americana, con sus más de 20.000 volúmenes. Desde 1907, el edificio, con su mobiliario y sus colecciones, es la sede del Museo Mitre, cuya actual Directora es la Lic. Gabiela Mirande Lamédica. 

 

En 1847, estando Mitre en Bolivia y pensando que nuestros países carecían todavía de una literatura romántica suficiente, escribió su novela Soledad. Ex Presidente, se enorgullecía de ser socio de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fundada el 25 de mayo de 1857, la primera asociación obrera argentina. Mitre era tipógrafo.

 

En 1871, en plena epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, cuando murió una parte numerosa de la población de la ciudad, se suspendieron las clases en las escuelas y se paralizó la actividad económica, Mitre y su familia ayudaron -como la Comisión Popular presidida por José Roque Pérez- a víctimas del flagelo, y ellos mismos se contagiaron aunque pudieron sobrevivir a la enfermedad.

 

El 26 de junio de 1883, al cumplir Mitre 62 años de edad, los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires y de la Universidad le rindieron un homenaje, en el que hizo uso de la palabra Juan Balestra (promoción 1880): "Una sentencia de los antiguos aconsejaba honrar a los grandes ciudadanos porque, decían, donde más se honra la virtud, es donde se producen hombres más virtuosos". Era el lenguaje de aquel tiempo, y, sin embargo, el mensaje sigue siendo valioso. Mitre respondió a los estudiantes con un discurso en el cual explicó el aporte a la sociedad libre y a la democracia de estadistas y publicistas como Moreno, Monteagudo y Rivadavia, y celebrando en los estudiantes a la aurora, les señaló como ley de la vida la sucesión y la renovación: "Esta ley, recuerda la imagen del poeta antiguo que habéis estudiado en las aulas, del que cantó las armonías de la razón de la naturaleza: "De Rerum Natura". Los hombres en su rápida carrera se pasan de mano en mano la inmortal antorcha del amor, que circula a lo largo de la cadena de la vida, sin apagarse jamás", y terminó diciéndoles: "Que esa antorcha simbólica arda siempre en vuestras manos, y que brille en las manos de los hijos de vuestros hijos sin extinguirse jamás, como los astros en el cielo y las ideas inmortales en la tierra".  

El 22 de febrero de 1907, el Poder Ejecutivo Nacional dispuso que el Colegio pasara a depender de la Universidad de Buenos Aires, pero la anexión definitiva, impulsada desde la UBA por el Rector Eufemio Uballes, fue concretada el 4 de noviembre de 1811 por medio de un decreto del presidente y ex alumno Roque Sáenz Peña. La anexión no contradijo sino que reforzó la misión fundacional como institución educativa de enseñanza media y de carácter nacional, público, laico, gratuito y universal. Un colegio dedicado a la enseñanza de alto nivel intelectual y moral, centrado en temas importantes y trascendentes, no en escaramuzas circunstanciales.

 

Antes de la fundación de Mitre, en el mismo solar de la Manzana de las Luces habían existido colegios desde 1662, algunos confesionales y dogmáticos y otros estatales, laicos e iluministas y progresistas como el Real Colegio de San Carlos (1772), el Colegio de la Unión del Sud (1817) y el Colegio de Ciencias Morales (1823). Esa línea pedagógica se acentuó en 1863 con el decreto Nº 5447 que también implicaba el desalojo del edificio por parte del Seminario Conciliar, eclesiástico, que debió mudarse, y con la anexión a la UBA.

 

En 1963, el Dr. Horacio J Sanguinetti publicó su Breve historia del Colegio Nacional de Buenos Aires editada por la Asociación Cooperadora "Amadeo Jacques". Juan Mantovani (en 1943 y 1945) y Patrice Vermeren (en 1998) estudiaron en profundidad el pensamiento y la obra de Amadeo Jaques. En 2012 publicamos nuestro libro sobre el Colegio y en 2013 Alicia Méndez analizó académicamente al Colegio como institución y su papel en la formación de una elite meritocrática. Por supuesto que el Colegio, como caso de estudio y de reflexión ha sido objeto de múltiples abordajes, como lo prueban publicaciones estudiantiles como Aristócratas del saber, actualmente fuentes destacables en el campo de la historia de la educación.

 

En el Colegio fundado por Mitre, el historiador cercano a Michelet, han disertado historiadores como Eric Hobsbawm. Si Mitre, nada racista y claro enemigo de toda esclavitud, usando la terminología positivista de su tiempo escribía la palabra raza, nuestro Alberto Kornblihtt, biólogo (Promoción 1972), ha explicado a la luz de los descubrimientos sobre el genoma humano porqué, en realidad, las razas no existen.

 

En 2009, el Dr. Martín Dedeu (Promoción 1959), recordando la inclusión de estudiantes mujeres impulsada por Florencio Escardó después de décadas de exclusión, recordaba su impresión como Profesor de Derecho del Colegio: "La integración del sector femenino se completó en 1959 con el ingreso de las primeras alumnas al Colegio. Muchos lo sintieron como una afrenta a la tradición del Colegio. Y sin embargo, la integración fue eficaz y quienes tuvimos oportunidad de enseñar aquí en esa primera década de coeducación, podemos aseverar que las divisiones mixtas fueron, en general, más receptivas que las que eran exclusivamente de varones".

 

La cuestión de la alegría y la felicidad de los estudiantes fue también motivo de reflexión por el Dr. José Emilio Burucúa (Promoción 1963). En su discurso en el cincuentenario de su promoción, recordaba las travesuras colegiales y a su "admirable profesor de geología, muy querido, Mario Grondona, que tuvimos en quinto año. El programa abrazaba los temas deslumbrantes de la estructura del universo, de la teoría de la evolución y las eras de la vida en la tierra. Recuerdo que un ritornello en esas clases consistía en lograr que el profesor repitiese una o dos frases: “Hay cientos de miles de millones de galaxias”, o bien: “Si ubicásemos la historia de la Tierra en los 365 días de un año, los hombres apareceríamos en los últimos minutos del 31 de diciembre”. Debíamos turnarnos para aguzar el ingenio y hacer pertinentes las preguntas que indujeran necesariamente tales respuestas. Al cabo de diez o quince veces, la risa se generalizó. El bueno del profesor se sorprendía hasta que, una mañana, dijo: “¡Cómo me gusta que hayan captado la inmensidad del espacio, del tiempo, de la materia y de la vida y que eso sea un motivo de tanta felicidad para ustedes!”."

Pero también recordaba Burucúa las infinitas tristezas: "Tres de nosotros se contaron entre los desaparecidos del tiempo sombrío de los tiranos. En los últimos días, nos enteramos de cuáles habían sido las circunstancias espantosas en que ellos murieron, sin auxilio ni consuelo, en medio de tormentos que rechaza el más exiguo resto de humanidad atribuible a cualquier alma. Aquel espíritu colectivo de un saber exultante, de una comunidad de hombres alegres y críticos que, durante generaciones, levantó el Colegio, parecería haberse hecho añicos".

 

Y concluía, aquel estudiante de 1963 y hoy miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes: "¿Acaso la alegría que prevaleció en los parágrafos iniciales de este discurso no fue más que una reparación transitoria, tal cual quería Petrarca al decir: “Mas si alguna vez yo río o canto, / lo hago para esconder mi amargo llanto”? No, esta noche más que nunca, reunidos aquí para rendir homenaje al homo absconditus que flota por ahí, igual que hace cincuenta años, en las aulas, en la biblioteca, en los laboratorios, en el gimnasio, recordemos un proverbio latino que nos enseñó Gerardo Pagés: “In tristitia, hilaris; in hilaritate, tristis.” El adagio compendia el doblez de nuestro sentir del mundo y nos pacifica. Paradójicamente, pasamos de la aceptación al menosprecio y volvemos al acogimiento, así de los dolores de la existencia cuanto de la felicidad risueña. El Colegio nos enseñó esas destrezas con suavidad y firmeza. Manifestémosle entonces nuestro agradecimiento más profundo y sincero".

 

Desde 1863, el Colegio de Mitre es un faro que ilumina el pensamiento crítico en la Argentina, aquel que ha contribuido de un modo excepcional a pasar, de generación en generación, el fuego sagrado encendido por primera vez en mayo de 1810 y fue reavivado por la Generación del '37 de la cual Mitre fue uno de sus jóvenes miembros. 

 

En 1852, en Los Debates, Mitre escribió: "La disidencia de opiniones es de la esencia de los pueblos libres: es una condición de vida y de progreso". Al cumplirse el Bicentenario de Mitre, recordando sus ideas y sus obras, tal vez resulte lo más oportuno meditar acerca del tamaño de sus aspiraciones para el país y para sus habitantes, y dejando al pasado enterrar sus muertos -como recomendó en 1901- mirar hacia el futuro con grandeza, con imaginación, con generosidad y las más altas aspiraciones para este tiempo. Como ha dicho Martín Dedeu: "los pueblos sin tradición son pueblos sin espíritu, sin historia, pero que de ninguna manera debe considerarse como sinónimo de estancamiento".

 

Mitre fundó un Colegio para que viviera, para los estudiantes, siempre jóvenes, siempre audaces, siempre desafiantes, porque la juventud es la aurora, cuya luz viene a disipar las tinieblas del pasado.

 

Gustavo A. Brandariz

Ex alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires (Promoción 1972)

Vocal de la Asociación de Ex Alumnos

Profesor de la Universidad de Buenos Aires

 

Olivos, junio 16 de 2021

Fuentes:

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Torrasa, Atilio E. (1957). Mitre, paladín del laicismo. La enseñanza neutral o laica y la "enseñanza libre". Prólogo de Américo Ghioldi. Buenos Aires, Ediciones de "Sarmiento" Tribuna de educación popular. [Incluye 11 artículos publicados por Mitre como editoriales de La Nación en 1883 y 1884].

Vermeren, Patrice (1998). Amadeo Jacques. El sueño democrático de la filosofía. Buenos Aires, Colihue. Traducción de Eduardo Rinesi. .

Vermeren, Patrice (2009). Victor Cousin. El juego político entre la filosofía y el Estado. Traducción de María del Pilar Díaz Castañón. Rosario, Homo Sapiens. .